| Orgías a seiscientos euros - Victor |
En
nuestra ultima salida antes de casarnos, un extraño nos ofrece
dinero a cambio Era nuestro ultimo fin de semana de solteros. Al día siguiente, sábado, lo teníamos todo organizado para llevar a cabo la consabida despedida con los amigos, cada cual por su parte y sin saber lo que nos habían preparado a cada uno los hombres y las féminas del grupo. Por eso, en esa noche de viernes, Laura y yo, queríamos recorrer Barcelona a nuestro aire intentando olvidarnos por unas horas de todo el ajetreo que hacia ya meses nos traía de cabeza con los preparativos de la boda que se celebraría en apenas siete días. Nadie, entre nuestro grupo de amigos, conocía nuestros planes para esa noche. Incluso nuestros teléfonos móviles permanecían apagados para evitar que ningún “coleguilla” se nos uniera a la fiesta privada. Claro, que lo de la “fiesta” nos sonaba como un poco a lo grande, ya que entre la hipoteca, el arreglo del piso y los gastos de la ceremonia, estábamos, como quien dice a dos velas. Es decir, que la enigmática juerga que nuestros amigos pensaban que nos íbamos a correr, consistía en ir a cenar a una modesta pizzería y después como mucho, tomarnos un par de copas en el Port Vell de Barcelona, donde suele haber un gran ambiente en noches como esa, para acabar en nuestro futuro hogar de casados echando un buen polvo. En fin, que ni siquiera nos arreglamos mucho para la ocasión. Yo llevaba un pantalón de pinzas marrón y una discreta camisa azul claro, exactamente la misma ropa con que había ido a trabajar ese viernes. Poco después de las diez de la noche, pase a recoger a Laura por casa de sus padres. No sé si seria porque esa noche el cuerpo me pedía sexo, pero la encontré verdaderamente espléndida. Aun cuando se había vestido mucho más informal que yo, cuando la vi aparecer en el comedor de la casa de mis futuros suegros, note como un cosquilleo me recorría la polla, y me prometí a mí mismo que me la tenia que tirar cuanto antes. Se había puesto unos téjanos ajustadísimos, que junto a los zapatos de tacón que llevaba, le marcaban un culo por el que cualquier hombre perdería la cabeza. Además, debido a su delgada figura, vista de frente podía uno imaginarse lo sabroso que debía de tener el coñito aprisionado bajo aquellos pantalones. Con su casi uno setenta de altura y su talle delgado, portaba un jersey blanco de cuello alto, sin mangas, que dejaba al descubierto sus sensuales hombros, y que hacían destacar unos prácticamente perfectos y apetecibles pechos que se me antojaba que me estaban diciendo “cómeme, cómeme”. Además, esa noche, Laura se había pintado un poquito para la ocasión, y unos intensos labios rojos destacaban sobre sus delgadas facciones de la cara bajo unos preciosos ojos negros que siempre habían sido mi debilidad. Su media melena de pelo liso y oscuro, bailaba graciosamente rozando sus hombros desnudos, en un perfecto acompañamiento con sus tetas y sus caderas al andar. En definitiva, que nada mas verla, se me despertó la libido. Así que me despedí de sus padres, y caminando detrás de ella nos dirigimos a la salida. Nada mas cerrar la puerta, no pude, o no quise, reprimir mis arrebatos de deseo y le plante una mano en medio del culo, presionando con dos de mis dedos entre sus nalgas e intentando transmitirle de ese modo la calentura que a esas alturas llevaba yo en el cuerpo. - Tranquilo,
Víctor, espera al menos a que entremos en el ascensor. –Me
dijo Laura en un susurro al tiempo que me apartaba la mano de su culo,
temiendo que sus padres pudieran oírnos desde detrás
de la puerta. Entramos en el ascensor, y amarrándome la barbilla con sus suaves dedos, me dio un tierno beso en los labios, lo que yo aproveche para posar, esta vez, mis dos manos abiertas sobre su respingon trasero, y la atraía hacia mí hasta que su pelvis quedo completamente pegada a mi semi erecta herramienta. - Mmmm...... Ya veo como estas. –Me dijo con esa encantadora sonrisa que ella sabia que me cautivaba. – Anda, ten un poco de paciencia y vamos a divertirnos un rato tomando unas copas por ahí, que luego en casa, ya te haré un buen trabajito. Resignado, cogimos el coche y nos fuimos hasta un parking subterráneo del puerto de Barcelona. Tras un buen rato buscando un hueco donde meternos, conseguimos aparcar y salimos de nuevo al bullicio de la noche, que a esas horas empezaba a animarse como de costumbre. Nos dirigimos paseando a un restaurante pizzería de una pequeña calle perpendicular a las Ramblas Barcelonesas, donde ante dos exquisitas pizzas y una botella de vino, estuvimos comentando alegremente diversos aspectos de nuestra próxima boda y de la vida que estábamos a punto de emprender juntos. En ese mismo local, tras la cena, nos metimos en el cuerpo los dos primeros “lingotazos”, y decidimos que esa noche teníamos que llegar a coger ese puntito, que sin llegar a ser una borrachera, nos desinhibiera lo suficiente como para hacer temblar las paredes de nuestra habitación. Salimos del restaurante, y ya con él estomago lleno, Ramblas abajo nos encaminamos nuevamente hacia la zona portuaria. Yo llevaba a Laura cogida por la cintura, pero de tanto en tanto dejaba que mi mano descendiera unos centímetros y le daba un buen apretón en el culo al mismo tiempo que le soltaba un corto morreo en la boca. Desde el momento en que la recogí en casa de sus padres, mi intención era ponerla lo más cachonda posible a base de alcohol e irle metiendo mano y soltando morreos cada cierto tiempo. De esa “guisa”, en poco tiempo llegamos a la zona de ocio del puerto. El ambiente era espléndido, infinidad de tíos y tías de todas las edades, condición y nacionalidad, se amontonaban a las puertas de los locales más emblemáticos. Empezamos a recorrer aquella ancha avenida bulliciosa, yo fijándome en las impresionantes tías con las que nos íbamos cruzando, y Laura alegrando la vista con la gran cantidad de tíos que a buen seguro a ella le parecían atractivos. Pero para hacer honor a la verdad, tengo que decir que mi novia también era objeto de las descaradas miradas de estos. Y eso, junto con el orgullo de que a la que miraban era mi chica, me parecía que aun me estaba poniendo mas caliente. - Lo
ves, cariño, como no soy yo el único que te encuentra
impresionante esta noche. –Le dije acercando tanto mi boca a su oído
que casi podía lamerle el lóbulo de la oreja mientras
le hablaba. – Ya he visto a mas de uno que se le caía la baba
mirándote el culo Al fin decidimos entrar en un local de ambiente latino. La música estaba altísima, y en mi opinión, la mayoría de las tías que había allí dentro, pasaban fácilmente de monumento hacia arriba. Mirando hacia todos los lados, nos dirigimos a la larga barra, y tras pedir un par de copas, nos deleitamos contemplando el gran ambiente que había en el local. La pista de baile estaba de bote en bote, y rápidamente nos fijamos en varias parejas cuya forma de moverse era ciertamente envidiable. Al son de los distintos ritmos latinos que iban sonando, las parejas que bailaban representaban movimientos que rozaban lo obsceno. Pegaban sus cuerpos unos a otros y se restregaban al compás de la música de una forma totalmente desinhibida. Como si ya no estuviera bastante cachondo, el contemplar aquel espectáculo en la pista, aun me estaba despertando mas la libido. No podía quedarme sin hacer nada viendo como los tíos pegaban el paquete al culo de las tías con la excusa de mantener el ritmo de la música. Laura y yo nos manteníamos con nuestras copas al lado mismo de la barra, en un lugar situado a mas altura que la pista de baile, desde donde teníamos una visión prácticamente global del local. - Esto
es el templo de la lujuria. –Le dije a mi novia acercando mucho la
boca a su oreja para que pudiera oírme. – Me parece que aquí
esta todo el mundo cachondo. Entre empujones y codazos conseguimos abrirnos paso hasta la concurrida pista. Allí daba la impresión de que la música aun estuviera mucho más alta, y el fuerte sonido nos retumbaba en la cabeza, además, hacia un calor asfixiante, y al cabo de medio minuto estábamos empapados en sudor por todas partes. Ciertamente era del todo imposible que no te rozaras con el resto de la gente, apenas disponíamos cada uno de una pequeña rachola donde movernos, aparte de que las luces que centelleaban insistentemente hacían muy difícil la visión a nuestro alrededor. Aun con todo esto yo estaba en la gloria. Al ritmo de la música me pegaba a Laura todo lo que mi justo disimulo me lo permitía. Como quien no quiere la cosa, cada pocos segundos le arrimaba mi ya abultado paquete a su pelvis o a sus posaderas cuando se daba la vuelta, y de tanto en tanto la cogía por la cintura y la atraía hacia mí hasta sentir contra mi pecho sus endurecidas tetas. Pero no acababa ahí la cosa, ya que al poco rato de estar en la pista los disimulados rozamientos se fueron extendiendo a algunas mozas que ocupaban las baldosas cercanas, y no es que la lujuria se hubiera apoderado de mí, ya que no sé muy bien como empezó todo. Lo único que recuerdo de aquello es que en un momento dado, tras darme la vuelta en mi propia rachola, me encontré a escasos centímetros de la cara con unas prominentes tetas bailarinas detrás de un generoso escote, producido por una ajustadísima camiseta roja de tirantes que debía de ser dos tallas menos de lo que realmente aquel bombón necesitaba. Levante la cara y me quede mirando a la chica que despreocupadamente bailaba ante mí. Aunque no era excesivamente guapa de cara, me llamo la atención una sonriente boca con unos carnosos labios pintados que se me antojaba que debían de hacer verdaderas maravillas con una polla entre ellos. El caso es que con el rollito del baile mi paquete tomo contacto varias veces con sus caderas y con su respingon culito, incluso en un par de ocasiones pude comprobar lo mullido de su delantera al rozar esta suavemente con mis brazos. Justo detrás de mí, la situación en la que se encontraba Laura era prácticamente idéntica, rodeada de hombres y mujeres con los que no podía evitar mantener cierto contacto debido a la estrechez en que nos desenvolvíamos bailando. Al menos permanecimos media hora en aquella sofocante pista. Estábamos completamente empapados en sudor, y yo además mas caliente que el mango de una sartén de tanto ir tocando una teta por aquí o un culete por allá, unas veces el de mi novia y otras el de las chicas que bailaban a nuestro alrededor. Nuevamente nos enzarzamos en otra batalla de empujones y codazos hasta que conseguimos acercarnos otra vez a la colapsada barra con la intención de descansar un poco y aplacar nuestras sedientas gargantas. Como para conseguir allí unas bebidas era necesario armarse de paciencia, opte por amenizar la larga espera intentando subir aun un poco mas la calentura de Laura. Volví a pegarme a ella como una lapa, que estaba justo de frente a mí, y colocando descaradamente las palmas de mis manos en su culo, la atraje hacia mí con firmeza y le solté el beso mas apasionado que en ese momento podía salir de mis labios. Ella reacciono hundiendo su lengua en mi boca al tiempo que sus brazos rodeaban mi cuello y una de sus manos presionaba decididamente en mi nuca para hacer mas profundo si cabe el morreo que nos estábamos pegando. - Mmmm....
¿Pero que has comido hoy, cariño? – Me dijo Laura nada
mas separar sus labios de los míos. – Llevas toda la noche
sobandome el culo. Mi novia, en vez de contestar a mi insinuación, me indico con un movimiento de cabeza que detrás de mi una camarera esperaba que le dijera lo que queríamos tomar, y unos minutos después salíamos del bullicio de la barra hacia uno de los laterales de la pista, haciendo malabarismos con las manos para no derramar el contenido de nuestros vasos. Nos situamos justo en el extremo contrario a la puerta de entrada, en un espacio menos iluminado y donde había unos cuantos sillones en forma de media luna con unas mesitas bajas en el centro. Todos los asientos estaban ocupados, así que nos apostamos junto a una columna mirando hacia la pista de baile mientras tomábamos nuestras bebidas. Habrían pasado unos cinco minutos, durante los cuales yo no perdí ocasión de seguir metiendole mano a mi novia, mientras entre besos y toqueteos continuaba insinuándole, ya de una forma totalmente descarada las ganas que tenia de darme un buen revolcón con ella, cuando caí en la cuenta de que a unos metros de distancia un tio que me llamo la atención por su elevada estatura no dejaba de contemplarnos disimuladamente, aunque cuando sus ojos se detenían en el apetitoso culo de Laura, su semblante le delataba y era fácil adivinar los lujuriosos pensamientos que debían estar pasando por su cabeza. - No mires ahora, pero ese tio de la americana negra que esta detrás de mí ya lleva un buen rato mirándote. – Le comente a Laura al oído dándole la espalda al mirón. – Bueno, mas que mirarte, creo que té esta follando con los ojos. Laura, disimuladamente, echo una fugaz mirada por la pista de baile y fue girando lentamente la cabeza hasta que sus ojos quedaron por un momento fijos en la figura del trajeado mirón que estaba unos metros detrás de mí. - Vaya, parece que he ligado. – Contesto mi novia tras contemplar por unos segundos a su atractivo admirador. - ¿Qué? ¿Lo ponemos un poco cachondo y luego le invitamos a participar en un trío con nosotros dos? Por descontado que Laura no hablaba en serio, o al menos eso creía yo en esos momentos. Pero ella sabia que a mí me gustaba ese tipo de morbo, ya que en muchas ocasiones lo habíamos pasado en grande imaginando que nos revolcábamos con otras personas en una orgía desenfrenada. Sonriendo, y mientras notaba como la polla se me empezaba a poner “morcillona” pensando en las ultimas palabras de Laura, me fui dando la vuelta con lentitud al ritmo de la música con objeto de observar mas detenidamente al personaje que se había quedado encandilado con el cuerpo de mi novia. Cual seria mi sorpresa, cuando al girar sobre mis pies, me tope totalmente de frente y a un palmo de mis narices con él tiraron que tan detenidamente había estado observando a Laura, mirándome sonriente desde las alturas con su casi metro noventa. - Hola, me llamo Toty, o al menos es así como todo el mundo me conoce. – Me dijo cordialmente y con un inconfundible acento italiano. - ¿Es esta tu chica? – Pregunto finalmente al tiempo que me ofrecía su gran mano para estrecharla con la mía. Antes de contestar le dirigí a mi novia una rápida mirada y comprobé que estaba sonriente y expectante ante la repentina auto presentación de nuestro interlocutor. - Si, se llama Laura, y yo soy Víctor. – Le conteste tras soltar su mano. – Es mi novia, aunque ya por poco tiempo. El italiano se acerco a Laura y le dio dos cordiales e inocentes besos en sendas mejillas, tras lo cual volvió a recorrerla descaradamente de arriba abajo comiéndosela con los ojos, lo cual, lejos de irritarme, hizo que un placentero cosquilleo recorriera mi polla en toda su extensión, cuyo bulto ya empezaba a ser considerable. - ¿Qué quieres decir con ese “por poco tiempo”? – volvió a preguntar sin dejar de mirar a Laura. – No me ha dado la impresión de que estuvierais discutiendo mientras os observaba hace un momento, mas bien al contrario, yo diría que estabais muy “acaramelados”. Ni Laura ni yo pudimos evitar que una leve sonrisa apareciera en nuestros labios tras la observación que nos hacia Toty, aun cuando sus temores se alejaban tanto de la realidad. - No, No, que va. – Contesto rápidamente Laura acercándose mas a mí y amarrándome por la cintura. – Es que nos casamos la semana que viene, por eso lo de por poco tiempo. El italiano puso una cara como entre sorpresa y decepción, como si estuviera maquinando algún plan y con ese comentario se le acabara de venir abajo. Aun hoy en día no acierto a explicarme como pudo salir de mi boca el siguiente comentario que le hice a nuestro nuevo amigo, ni siquiera teniendo en cuenta lo cachondo que estaba y el alcohol que me había metido entre pecho y espalda. - No te lo vas a creer, - Le solté a bocajarro. – Pero la verdad es que estábamos preguntándonos si te apetecería montarte un trío con nosotros dos. Si con antelación la cara del italiano había sido de sorpresa, la que puso tras escuchar mi comentario ya era indescriptible. Aparte, nada mas decirle esto, Laura me dio una colleja en la nuca con tanta intención que me hizo darme cuenta de la metedura de pata que había cometido. - Bueno, bueno, bueno. – Dijo Toty rompiendo el silencio que se había creado entre los tres. – Esto hay que celebrarlo, me refiero a lo de vuestra boda, por supuesto. Mire a Laura un instante aun ardiéndome la nuca debido a la colleja que acababa de darme, y descubrí una media sonrisa en sus labios, entre avergonzada y excitada. Si no fuera por la oscuridad del local, yo diría que incluso se le hubiera podido notar un brillo de deseo en sus ojos. - Vale, vamos a tomar algo. – Contesta ella tomándome de la mano y dando respuesta a la sugerencia del italiano. – Antes de que se “caliente” mas la conversación. Haciéndonos una señal para que le siguiéramos, Toty encabezo la marcha hacia una zona del local resguardada de los transitados pasillos por un separador de mediana altura. Había allí media docena de pequeñas mesitas redondas acompañadas de una serie de taburetes acolchados, la mayoría de ellos ocupados por hombres y mujeres que hablaban amigablemente, excepto dos de ellas situadas en uno de los extremos del pequeño recinto y donde se observaba un reducido cartelito blanco sobre las mismas con la palabra “reservada”. El italiano se dirigió a una de estas ultimas y tomo asiento en uno de los taburetes. Mi novia y yo lo imitamos, no sin cierto asombro de ver como nuestro acompañante ocupaba con toda naturalidad una zona reservada al publico en general. - Yo vengo mucho a esta discoteca. – Nos dijo intuyendo lo que estábamos pensando. – Tengo una buena relación con los dueños de este local, incluso he hecho algunos trabajos aquí dentro. Antes de que pudiéramos hacer alguna observación al respecto, una de las camareras que normalmente estaba detrás de la concurrida barra se acerco a donde nos encontrábamos y nos pregunto que queríamos beber. Tras hacer nuestro pedido, Toty le indico que lo apuntara todo en su cuenta personal, que esa ronda corría de su cuenta. Cuando la camarera se retiro, yo me apresure a interrogar a nuestro acompañante sobre el comentario que nos había hecho justo antes de pedir nuestras consumiciones. - Así que trabajas aquí. – Le pregunte mientras caía en la cuenta de que tenia la vista fija en las tetas de mi novia. - ¿Qué eres, el relaciones publicas o algo así? El italiano dejo de contemplar los senos de Laura y nos miro alternativamente a los dos con los dedos pulgar e índice apoyados en la barbilla, Con una expresión inequívoca de estar pensando si debía contestar o no a mi pregunta. - No, no, no es eso. – Nos contesto tras dejar pasar unos segundos. – La verdad es que soy....... digamos...... una especie de productor de cine. Tanto mi novia como yo nos quedamos con la boca abierta ante tal revelación, y no sé el tiempo que nos hubiera durado la cara de sorpresa de no haber aparecido la camarera con nuestras bebidas a los pocos segundos. Laura ya había salido de su asombro y estaba apunto de preguntarle algo a nuestro nuevo amigo cuando este se le adelanto para aclararnos un poco más el tema. - Os habéis quedado mudos, no es para tanto. – Nos dijo mientras dejaba su vaso sobre la mesa tras un corto trago. – No vayáis a pensar que soy famoso ni nada de eso, lo mío es mas bien cine de estar por casa, y nunca mejor dicho. Laura y yo bebimos cada uno un pequeño sorbo de nuestros vasos mientras asimilábamos poco a poco lo que nos iba contando el italiano. - Que curioso, nunca habíamos conocido a nadie que se dedicara al cine. – Le dijo mi novia con cara de estar muy interesada en el tema. - ¿Y que tipo de películas haces? Una vez mas el italiano se nos quedo mirando detenidamente antes de responder, sobre todo a mi novia, a la que seguía comiéndosela descaradamente con los ojos. - Hago películas cortas con aficionados. – Dijo al fin viendo que nosotros seguíamos expectantes. – Con gente normal y corriente, como vosotros, y luego las vendo a un par de paginas de Internet con las que estoy en estrecha relación. Ellos las cuelgan en la red para que él publico abonado a estas paginas pueda disfrutarlas. En ese momento, a pesar del alcohol, se me abrieron los ojos. ¡¡¡ Joder ¡!! ¿Estaría este tio pensando en proponernos a Laura y a mí que echáramos un polvo mientras él lo grababa todo? Solo de pensarlo, además de los ojos casi se me abre también la bragueta por la presión que mi polla hacia sobre ella. Estoy completamente seguro de que Laura también se estaba haciendo una idea de lo que significaba para el italiano rodar películas de aficionados. Entonces, con su más felina expresión y la mirada de niña mala que solo ponía en momentos de máxima excitación volvió a dirigirse con decisión a Toty. - ¿Y de que tratan tus películas? – Le pregunto con extrema mordacidad. - ¿Cursillos de cocina o algo así? ¿O tal vez son sobre el bricolaje? Ya sabes, como hacer mesas, sillas.... camas. Por la sonrisa que esbozo Toty estaba claro que sabia perfectamente lo que estábamos pensando. Antes de seguir hablando, el italiano se inclino un poco mas hacia delante, en una clara actitud de confidencialidad, como si no deseara que nadie mas escuchara nuestra conversación, cosa por otro lado bastante improbable debido al fuerte volumen de la música. - Hago películas porno. Básicamente se podría decir que solo ruedo sexo puro y duro. – Guardo silencio unos instantes para comprobar nuestra reacción, pero continuo a los pocos segundos. – No creo que os escandalice lo que os estoy contando, hay mucha gente que se dedica al porno en todos los países y en todas las ciudades, ya sea como productores, como técnicos o como actores. En algunas ocasiones, tanto a Laura como a mi se nos había pasado por la cabeza grabar con nuestra videocámara una de nuestras fogosas noches de sexo, pero hasta el momento nunca habíamos llevado a cabo la idea. Era una fantasía mas que teníamos pendiente de realizar. Claro que en ese momento yo no hubiera admitido ese hecho ante nuestro amigo, ya que era algo que ni siquiera habíamos comentado con nuestros amigos más cercanos. Sin embargo, no sé si a causa del calor y del alcohol, y para mi sorpresa, mi novia se apresuro a sacar a relucir el tema y continuar con la conversación. - Nosotros hemos pensado muchas veces grabar con nuestra cámara los “jueguecitos” de una noche. – Comento ella tras dedicarme una rápida mirada de complicidad. – De momento aun no lo hemos hecho, quizás en nuestro viaje de bodas seria una buena ocasión. ¿No te parece, cariño? Yo, mas que contestar, casi balbucee un ininteligible – si, claro, seguro que lo haremos. – Mientras intentaba encontrar una explicación a las confianzas que Laura le revelaba al italiano. Él, por el contrario, parecía encontrarse como pez en el agua con la conversación, y prosiguió dándonos detalles sobre su trabajo. - Si, bueno, seguro que os lo pasáis muy bien. – Continuo ya dirigiéndose casi exclusivamente a mi novia. – Sobre todo la primera vez, que es cuando más morbo producen esas situaciones. Yo os aconsejaría que tomarais una actitud desinhibida y desenfadada, y luego, cuando veáis la grabación os reiréis de lo que habéis hecho delante de la cámara. Toty nos hablaba ya con total naturalidad y nos aconsejaba sobre la mejor forma de llevar a cabo nuestra fantasía privada, y eso implicaba necesariamente que a mí me doliera la polla como si estuviera a punto de reventar. Laura, irremediablemente, también debía de tener a esas alturas de la conversación la libido por las nubes, pues aunque intentaba disimularlo, yo veía claramente en sus ojos el inconfundible brillo del deseo. - Y cuando una pareja se dispone a grabar una de esas películas, - Le pregunto mi novia al italiano con curiosidad. - ¿Se preparan una especie de guión con anterioridad, o simplemente es cuestión de ir haciendo lo que se te ocurra? - Bueno, a ver, - Le contesto nuestro acompañante meneando de un lado a otro la cabeza. – No estaría de mas que antes de empezar planificarais un poco lo que queréis hacer, las posturitas y todo eso... ya me entendéis. Pero un guión propiamente dicho yo tampoco os lo aconsejo, y mucho menos la típica escena del butanero o del fontanero, eso son tópicos que ya están muy vistos. No pudimos menos que reírnos ante las claras y abiertas explicaciones de Toty, que a cada frase nos demostraba que realmente era un entendido en el cine porno. Por otro lado, Laura cada vez se mostraba mas interesada en el tema, y mientras yo parecía un simple espectador en la conversación, ella preguntaba y asentía con la cabeza a las respuestas que nuestro amigo le iba dando. Pero llego un momento en el que de tanto escucharles, una idea comenzó a darme vueltas por la cabeza, y empecé a ver la parte comercial de todo aquel caliente asunto. De hecho, el italiano había manifestado abiertamente que vivía del cine porno amateur, y si nos estaba contando todas aquellas cosas, tenia que ser porque creía en la posibilidad de ganar algún dinerillo a nuestra costa, o en ultimo caso, al menos con nuestra colaboración. Entonces, sin pensar demasiado en las repercusiones que podía tener lo que estaba pensando, me arme de valor, y levantando la mano derecha por encima de la pequeña mesita para acaparar la atención de los dos, dije: - Una pregunta, Toty, - Carraspee un poco y me aclare la garganta. – Vamos a suponer que Laura y yo grabamos esa cinta durante nuestro viaje de novios. ¿Tu nos la comprarías? Y de ser así, ¿Cuánto pagarías por ella? El italiano se me quedo mirando durante unos instantes directamente a los ojos. Después volvió a centrar unos segundos su atención en Laura, que con la boca medio abierta de asombro por mi pregunta, esperaba ansiosa la respuesta de nuestro acompañante. Pero Toty aun se demoro un poco mas en responder, y por el aspecto de su semblante me daba la impresión de que durante todo el tiempo que llevábamos hablando, había tratado deliberadamente de llevar la conversación hasta el punto en que se encontraba en esos momentos. El italiano había echado en anzuelo, pero la proposición la estaba haciendo yo. - No os pagaría nada. – Dijo al fin meneando la cabeza como si le pesara dar esa respuesta. – Veréis, lo que lo que ocurre es que eso ya hay muchas parejas que lo hacen. Tenemos un montón de cintas o archivos de video que nos han ido enviando parejas como vosotros, parejas follando en la cama, en la cocina, en el salón, donde se ve el típico polvo convencional, muchas mamadas y otras variantes del sexo oral, e incluso algunas escenas de sexo anal. También os podría enseñar algunas películas cortas donde parejas de homosexuales o lesbianas se masturban mutuamente. El italiano sin duda vio la decepción en nuestras caras mientras Laura y yo cruzábamos unas rápidas miradas de pesar tras ver como se desvanecía la posibilidad de sacarnos un dinerillo extra mientras nos divertíamos follando como locos en nuestro viaje de bodas. - Como mucho, si la película os queda bien... - Proseguía comentando el italiano en un intento de animarnos tras nuestra reacción. - ...teniendo en cuenta el morbo que produciría el ir vestidos de novios y todo eso, y con una buena variedad de escenas, os podría conseguir el acceso a la web donde se publique la película durante un año, como miembros colaboradores de la pagina. Eso es lo máximo que os podría ofrecer en un caso como este. Laura me miro con cierta expresión apesadumbrada, me cogió la mano y me la acaricio suavemente. Sus ojos aun conservaban aquel brillo lujurioso que supongo en parte era producido por el alcohol ingerido. - Pues
es una lastima, querido. – Dijo mi novia con un encogimiento de hombros.
– Yo pensaba que podríamos pagar parte del viaje de bodas haciendo
un numerito. Tras estas palabras, que el italiano había escuchado con mucha atención, este levanto la cabeza y busco con la mirada a la camarera que nos había servido con anterioridad, y cuando ella se dio cuenta Toty le hizo un gesto con la mano dándole a entender que nos trajera otra ronda con las mismas bebidas que antes. - Hombre, hay otra alternativa. – Nos comento casi en voz baja tras asegurarse de que la camarera le había entendido. – Os podría proponer otra cosa, pero no sé si vosotros estaríais dispuestos a aceptarla. Estoy completamente seguro de que en esos momentos, por la mente de Laura pasaban los mismos pensamientos que por la mía. No me cabía la menor duda de que lo que el italiano quería era montárselo con mi novia y conmigo, grabarlo todo con una cámara, hacernos un pequeño regalo económico y quedarse él con la mayoría de los beneficios que pudiera sacar con la venta de la película. - ¿Y, cual es esa oferta? – Pregunto Laura a bocajarro mientras yo aun seguía sumido en los pensamientos de un lujurioso trío con mi novia. – Al fin y al cabo, después de todo lo que hemos hablado, tampoco nos vamos a escandalizar ahora por escuchar una propuesta, creo yo. La verdad, yo ya no sabia si molestarme por la tremenda desinhibición que mostraba Laura ante el italiano, o dejar que la temperatura de mi entrepierna continuara subiendo escuchando hasta donde seria capaz de llegar mi novia en un arrebato de calentura como el de esa noche. - Antes que nada tengo que deciros que lo que os voy a proponer os lo cuento con toda sinceridad y confianza. – Toty dejo de hablar mientras la camarera dejaba tres vasos sobre la mesa y se llevaba los vacíos. – Esto es una especie de negocio, y así lo debéis ver vosotros, si os parece bien, de puta madre, y si no, también, me decís que no y tan amigos. A las bebidas ya estáis invitados, sea cual sea vuestra respuesta. He de admitir que el italiano se había currado la forma de hacer este tipo de propuestas a las parejas. Me imagino que debido a que en alguna ocasión anterior, le habían montado una buena bronca tras insinuar una de esas escaramuzas. - No te preocupes, - Le decía mi novia sonriendo y divertida. – Somos una pareja joven y liberal hasta cierto punto, y te aseguro que no nos vamos a poner colorados con lo que nos cuentes. El italiano levanto su vaso a modo de brindis y los tres nos metimos entre pecho y espaldo un nuevo lingotazo de alcohol. Sin duda, tanta bebida actuaba como detonante en nuestra ya bastante elevada libido. Toty lo sabia, y a cada momento nos animaba a que fuéramos dando buena cuenta del contenido de nuestros vasos. - Hay una variedad en este tipo de películas porno caseras que últimamente tiene mucha demanda por parte de los clientes asiduos a visitar nuestras paginas web. – El italiano hablaba despacio y en voz baja, obligándonos a acercarnos un poco mas a el para poder entender sus palabras. – Se trata de una especie de mezcla entre el sexo por dinero, así, tal como suena, puro y duro, el aliciente de una pequeña orgía, y el morbo que supone que uno de los integrantes de la pareja lo contemple todo sin llegar a participar en la “fiesta”. Eso sí, estaríamos hablando de seiscientos euros por poco mas de una hora de folleteo, además del libre acceso a las paginas, tal como os comentaba antes. Supongo que el italiano debió de hacer verdaderos esfuerzos por no reírse mientras contemplaba nuestras estupefactas caras. Por otro lado, yo no dude ni por un instante que de llevar a la practica la proposición de Toty, mi novia seria la principal protagonista de la historia, mientras que para mí quedaba reservado el papel de cornudo mirón, aunque reconozco que ese pensamiento me estaba produciendo una erección de caballo. - A ver si lo he entendido. – Le pregunto Laura acercándose un poco hacia mí y poniendo su mano sobre una de mis piernas. - ¿Nos sugieres que busquemos a dos amigos, nos los llevemos a casa y yo me lo monte con ellos a modo de orgía romana delante de Víctor mientras la cámara lo graba todo? Es eso, ¿no? Luego te damos la cinta a cambio de seiscientos euros. ¿Es eso lo que sugieres? Yo empecé a flipar en colores escuchando a Laura. Sabia que le gustaba el dinero, y por supuesto también el sexo, pero de ahí a cepillarse a dos tíos a la vez estando yo delante por un puñado de billetes la convertía en una verdadera zorra, aunque esa noche llevara mas de medio litro de alcohol en el cuerpo. Aun así, lejos de coger un cabreo de tres pares de pelotas, yo cada vez estaba más cachondo, hasta el punto de pasárseme por la cabeza el coger a mi novia del brazo y sacarla de allí para follarmela en el primer rincón oscuro que encontrara. - No exactamente. En el caso de que estuvierais de acuerdo seria mucho mas sencillo. – Toty hablaba dirigiéndose a mí, como si estuviera seguro de que ya tenia a Laura en el bote y solo le preocupara que yo pudiera desbaratar sus planes. – Para empezar, los dos amigos, entre comillas, os los puedo proporcionar yo, de ese modo no tendríais que involucrar a ningún conocido vuestro, además de que al ser dos desconocidos para vosotros, la situación no seria tan “violenta”. El italiano se detuvo un momento, estudiando nuestra reacción y aprovechando la pausa para que echáramos el enésimo trago de nuestros vasos. Mi novia continuaba acariciándome la pierna con suavidad, y yo hubiera dado todo el dinero que llevaba encima por que hubiera desplazado su mano hasta mi polla y me hubiera dado un buen apretón. - También tengo un pisito muy cerca de aquí preparado para estos casos. – Las nuevas explicaciones de Toty me devolvieron a la realidad sin que la mano de mi novia se hubiese movido apenas un par de centímetros. – allí dispondríamos de un equipo profesional de grabación, con lo cual la película seria de una calidad optima. ¡¡¡Joder!!! Este tio lo tiene todo pensado; Reflexionaba yo tras escuchar sus ultimas palabras. En un momento dado, Laura volvió repentinamente su cara hacia mí he izo ademán de decirme algo, pero debió de pensarlo mejor he inesperadamente le pregunto al italiano con un tono de seguridad que me dejo perplejo: - ¿Qué tendría que hacer exactamente? – Si antes yo había flipado en colores, ahora ya no estaba seguro de que fuera mi novia la que hablaba. – Y además, esos dos “amigos”, no se... sin conocerlos de nada.... No podía creerlo, mi novia estaba considerando seriamente la propuesta del italiano. Una y otra vez, dentro de mi cabeza, veía a Laura desnuda, entre dos tíos, follando como salvajes ante la cámara mientras me miraba fijamente a los ojos con cara de vicio, y esa sola imagen me excitaba tanto que me dolía la polla de lo tiesa que se me había puesto. - Un poquito de todo, lo que se suele ver en una típica película pornográfica. – Toty ya le hablaba directamente a Laura, como si yo no pintara nada en la dichosa película. – Ya sabes, primero un poco de calentamiento, y después un par de penetraciones de cada uno en distintas posturas. En cuanto a los dos “amigos”, no te preocupes por nada, son buenos chicos, yo respondo personalmente por ellos. Ya han hecho esto otras veces, y por cierto, te aseguro que te harán un buen trabajo. Yo seguía la conversación entre el italiano y Laura con la boca abierta, cara de lelo, y un dolor en los cojones que empezaba a hacerse insoportable. Los tres nos quedamos en silencio durante unos momentos, lo cual no debió de agradar mucho al italiano, ya que enseguida continuo jugando sus bazas para no darnos demasiado tiempo para pensar. - En el caso de que estuvierais de acuerdo, os podría dar aquí y ahora la mitad del dinero por adelantado. – Esta vez si que se dirigió a mí, quizás buscando sobre mi cabeza los cuernos que ya debían de estar saliéndome. – Luego puedo hacer una llamada a los dos “amigos”, y si no están muy lejos de aquí, dentro de un par de horas todo habrá terminado. De repente Laura volvió su cara hacia mí y me cogió la mano. Nos contemplamos mutuamente durante un corto espacio de tiempo, pero él suficiente para ver en sus ojos esa mirada de vicio y lujuria que a mí me volvía loco, pero que al mismo tiempo me indicaba con una claridad absoluta que estaba decidida a llevar a la practica la propuesta del italiano. - ¿Tu que dices, cariño? – Me pregunto con su más sensual tono de voz y cambiando su expresión a lo que casi parecía un ruego. – Yo creo que no es un mal trato. Míralo de este modo, es como convertirme en una actriz durante un rato, y seiscientos euros es una pasta. ¿No te parece? Estábamos en uno de esos momentos en los que Laura demostraba que en nuestra relación era ella quien llevaba los pantalones, la que tomaba las decisiones debido a que su carácter siempre había sido mas fuerte que el mío, y la verdad es que muy pocas veces yo había conseguido hacerla cambiar de opinión cuando habíamos tenido alguna discrepancia. - Si... bueno... no sé... yo... si tú estas de acuerdo... – Balbucee yo en unos momentos en que la inmensa calentura que me recorría por dentro ya no me dejaba pensar. – Como tu quieras, cariño, Al fin y al cabo, a ti te toca la peor parte del trabajo. Sin lugar a dudas que habría mucho que discutir sobre mis ultimas palabras, ya que las perspectivas que presentaba la noche habían cambiado radicalmente en unas pocas horas. De planear echarle a mi novia el mejor polvo del mes a la salida de su casa, habíamos pasado, aun no sé muy bien como, a que Laura se iba a montar un revolcón con dos desconocidos mientras yo, en el mejor de los casos, tendría que esconderme en el baño a hacerme una paja. Eso sin contar que a los pocos días, la estelar actuación de mi novia estaría a disposición de todos los mirones del planeta. Minutos después, el italiano me entregaba con toda naturalidad un fajo de billetes doblado conteniendo trescientos euros y sacaba de su chaqueta un teléfono móvil con el cual envió algún tipo de mensaje que fue contestado casi de inmediato. - Bueno, ya nos podemos poner en camino. – Nos dijo mientras volvía a guardar el teléfono móvil. – Hemos tenido suerte, mis amigos están muy cerca del piso. Seguramente llegaran antes que nosotros. Los tres apuramos el resto de licor que quedaba en nuestros vasos y nos pusimos en pie. Toty, con una sonrisa en los labios, encabezo la marcha por el pasillo que discurría entre la barra y la pista de baile que seguía atestada de gente. Una vez en la calle, nos dirigimos al parking subterráneo del puerto olímpico sin apenas cruzar una palabra entre nosotros. Laura y yo caminábamos cogidos de la mano casi a la misma altura que el italiano. En cierto momento cruzamos unas miradas entre nosotros que expresaban ciertas dudas sobre donde estábamos a punto de meternos, pero antes de que hiciéramos ningún comentario al respecto, nos encontramos bajando las escaleras de la entrada peatonal del garaje y caminando a lo largo de una interminable fila de coches aparcados. - Solo tardaremos unos minutos en llegar. – Nos dijo Toty rompiendo el silencio que reinaba en el parking. – Es apenas a cuatro calles de aquí. |