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En los
años ochenta estaba de moda enviar a los hijos un año
a América y a mí me vino brindado por la muerte de mi
tía la hermana de mi padre. Mi tío había quedado
solo y mi padre me pidió que pasara mi último año
de instituto en Conneticcut.
Llegué
un domingo y me tenía que incorporar el lunes al instituto,
así que entre el cambio de hora y el cansancio de aeropuertos
llegué tan cansado que mi tío me despertó al
día siguiente para comenzar mis clases. Como era lógico,
ese primer día fue desastroso, pero cuando volví a casa
tenía tantas ganas de orinar que entré en el baño
y no me percaté de que caía agua en la ducha hasta que
terminé. En ese momento dije 'tío, ya estoy en casa'.
El agua cesó de caer y yo me dirigí a la puerta del
baño que siempre había permanecido abierta, pero, cuando
ya estaba en la puerta, oí un gemido que me hizo volver sobre
mis pasos.
Abrí la cortina de la ducha y para mi sorpresa allí
no estaba mi tío,
sino un señor mayor, de sesenta y tantos, que acababa de masturbarse,
pues aún caían gotas de su pene gordo. Me quedé
impresionado, porque nunca había pensado en el sexo para una
persona de su edad. Es más, nunca había pensado en mi
padre practicando sexo y era más joven.
Asustado, salí corriendo del baño y me encerré
en mi habitación.
Por la
noche, durante la cena no hice ningún comentario a mi tío
de lo que había visto y él tampoco a mí, pero,
cuando me acosté, vino a mi cama y me dijo que si podía
hablar conmigo. Se puso de rodillas en el suelo y me dijo que si no
decía nada de lo que había visto en el baño esa
tarde me recompensaría. Le dije que no diría nada, pero
que me había impresionado un poco. Sin darme cuenta, su mano
derecha había llegado a mi pijama y estaba sobando mi polla.
Intenté encogerme un poco, pero él puso su dedo corazón
en mi boca y eso me gustó. Después añadió
el dedo índice. Mientras se los a chupaba, él me seguía
tocando por fuera del pijama. Nadie me había tocado, excepto
yo, así que creí que me corría, pero no, estaba
aguantando más de lo que pensaba.
Entonces bajó las sábanas y mi pijama casi a la vez,
llevó su boca
hasta mi polla y se la metió dentro. Creo que tan pronto llegó
al
glande ya me vine en su boca. La tenía todavía dentro
cuando me dijo 'me podías haber avisado'. Me quedé boca
arriba chupando sus dedos, porque seguía estando excitado.
Levantó la vista y me dijo '¿quieres más?'. Le
dije 'si sigues chupando la tendrás bien dura en dos minutos'
(siempre he tenido la facilidad de correrme y empalmarme inmediatamente
después). Siguió mamándome la polla y sentí
que veía las estrellas de placer. Tenía sus dedos en
mi boca y aprovechó para llevarlos a mi orificio anal. Como
venían mojados jugó un poquito con la entrada hasta
que metió uno dentro, pero hice un ademán de queja.
Él dijo 'si no te gusta, nunca más lo haré'.
Y lo cumplió. Después de
un rato, noté que volvía a correrme y se lo dije, pero
sólo añadió 'de
acuerdo' y esperó que mi semen llegara caliente a su boca.
Pasados
unos minutos, me miró y me dijo '¿quieres dormir en
mi cama?'. Le
contesté que sí, porque me había dado más
placer que el que yo me
había proporcionado nunca y me llevó a su cama, nos
acostamos
abrazados con su espalda en mi pecho.
Al día
siguiente, volví pronto a casa y allí estaba Alex, el
amigo de
mi tío. También era viudo y se habían conocido
hacía unos diez años,
pero eran amantes desde unos cinco antes de yo llegar. Cuando me vio
entrar me dijo 'ya sé lo de anoche. Ah, me llamo Alex y soy
cántabro'.
Me reí y creo que esperaba una respuesta, porque preguntó
'¿te lo
querrías montar conmigo'. Le respondí que sí,
porque deseaba volver a ver su cuerpo desnudo. Era gordito y con barba
y su pecho era el de un osito peludo, pero canoso. Supuse que era
del tipo de mi tío, un cincuentón moreno al que nadie
le echaba su edad. Me llevó a la cama y me desnudó.
Comenzó morder mis pezones y lamer mis axilas. Eso me puso
a cien y lo notó porque rápidamente bajó su mano
y cogió mi polla entre las suyas. En eso entró mi tío
en la habitación y dijo '¡con que empezando sin mí,
eh!'. Vino hacia mí y me besó en los labios con un sabor
a miel como sólo puede hacer un amante que desea repetir una
velada fantástica. Después besó a Alex con un
beso apasionado y se tumbaron en la cama. Se fueron desnudando poco
a poco mientras yo miraba. Cuando pude comprobar el miembro de mi
tío totalmente empalmado no pude menos que decirle 'vaya, eso
no me lo esperaba'.
Rieron y comentó 'te lo perdiste anoche'. Me cogieron de la
mano y me tumbaron. Creo que me lamieron por todas partes y cuando
usaron mi boca para meter sus lenguas y mezclarlas con la mía
pensé que podía morir tranquilo con tanta dicha. Al
poco cogí los dedos de mi tío y los introduje en mi
boca y los chupé. Me miró y me dijo 'vas a probar algo
mejor' y me metió aquella polla poco a poco hasta que yo no
podía más. Formamos un triángulo de tal manera
que yo tenía la polla de mi tío y él la de Alex,
quien me la mamaba a mí. De pronto noté que me corría
y dejé la boca de Alex inundada. Exclamó y dijo '¡tan
rápido!', pero mi tío le dijo 'sigue y te sorprenderá'.
Se me puso otra vez toda para él y en ese momento, mi tío
me la sacó, cogió a Alex y lo tumbó boca arriba,
me miró y me dijo 'comprueba cómo le entra toda al santanderino'…y
efectivamente, le entró toda por el culo. Se echó hacia
delante y me dijo y ahora métemela tú a mí. ¡Era
la primera vez que follaba y me estaba tirando a mi tío! ¡Menos
mal que mi padre no se enteraría! Estuve balanceándome
dentro y fuera un rato. Creo que él
se dio cuenta, porque me dijo 'cuando quieras te corres dentro'. Y
lo
hice. Él siguió bastante más rato, pero me pidió
que masturbara a
Alex, al que le costaba correrse. Primero, se la chupé mientras
él me
la mamaba a mí. Así tenía la polla de mi tío
a un tiro de lamida.
Después, mi tío me pidió que se la tocara para
él correrse. Lo dijo y
siguió con mucha calma hasta que empezó a gemir como
un loco. Supe que se estaba corriendo dentro de su amigo al que yo
estaba a punto de sacarle su semen. Cuando lo hice, mi tío
me enseñó a lamérselo todo y dejarle limpio el
estómago.
Ese año
aprendí mucho más sexo que inglés y que un hombre
de más de cincuenta y cinco te puede dar más placer
que uno de veinticinco. Me lo han demostrado los años y pese
a que hablo con mi tío una o dos veces al año, ya me
da vergüenza decirle que si casi a sus ochenta la sigue teniendo
como a sus cincuenta y tantos.
Alberto |