4 Relatos lesbicos - Debora Hoffa

SENSACION DE PROHIBIDO

...Serían como las diez de la noche cuando sentí cerrar una chapa a lo lejos. Apagué el televisor para que Marcelo pensara que me había dormido, sin embargo, de nada sirvió. En cuestión de segundos lo tenía instalado a la derecha de mi cama.

- No se te ocurra tocarme - le dije cuando sentí un frío tibio que provenía de su cuerpo. Yo le daba la espalda.

- Ya po´, un ratito. Después me paso pa´ mi cama. ¿No veí´s que vengo trasminado? - acotó mientras sentía su brazo helado en mi estómago.

Cuando empezó a mover sus dedos sobre mi piel, me daba la misma sensación de siempre; ¿Quería "hacerlo", o simplemente me estaba haciendo cariño?
A ratos, sentía que se me contraían los músculos de las cosquillas que me daban sus manos, y en medio del silencio y la oscuridad en que siempre quedábamos, una cosa ajena, tibia y dura se levantaba cada vez un poco más por detrás de mí.
Ya no tenía el brazo de Marcelo en mi estómago y la cama se movía suavemente. Supuse lo que estaba haciendo.

- Córtala con eso o hazlo en otra parte - le dije con molestia.
- Ya, po´... un ratito, después me voy a mi cama. - volvió a decir.

No, Marcelo. Siempre dices lo mismo y siempre amaneces aquí - le dije a regaña dientes.

- Ya, po´, si nunca te has quejado - dijo mientras me abrazaba por la espalda y me apretaba hacia él... - un ratito - insistió.

De un momento a otro Marcelo respiraba en mi oído, sabiendo que eso me deshacía. La oscuridad, el silencio y su guardada argolla de matrimonio daban una excitante sensación de prohibido a lo que veníamos haciendo por las noches.

- “Hacete” más pa´cá - me susurró, viendo que yo ya no me negaba a nada.

Marcelo tenía cierto poder sobre mí. A veces, en su ausencia, yo le ponía término a esas relaciones nocturnas, pero no hacia más que llegar a la casa a estirarse a mi lado para luego amanecer conmigo. Le permitía que me hiciera todo lo que NO me gusta, desde que me abracen hasta que me deje el cuello marcado. Cuando veía mi molestia para con él, no hacia más que reírse de mí. "Yo sé que te gusta esto" me decía, y se quedaba dormido poniendo su ronquido en mi oreja.

M A R I O N Y M A R I A

Ahí estaban sus aros, uno en el suelo y el otro en el velador. Los tomaba mientras se paseaba fugazmente por los recuerdos vividos con su pareja hasta la noche anterior. Se dice que la gente que esta a punto de morir ve en segundos imágenes de su vida recorrida en donde entra toda persona que alguna vez le rodeó. A ella le pasaba lo mismo, recordaba con imágenes a quienes las habían rodeado en un lapso de tiempo cortísimo mientras estaba de pareja con María.

Todo mientras apretaba los aritos y lloraba. Sentía con la mitad de su alma muerta.

El haber sido tan sociable, y el haber tenido otras mujeres y hombres antes que a María a la larga había traído repercusiones ya que Maria no había sido de nadie mas que de su marido y no entendía que en la soltería no todos eran como ella que no salía ni besaba a nadie si no le nacía.

Miraba el celular... ningún mensaje de María, los había borrado todos y le pesaba. Le gustaba recordar que ésta se había convertido en lesbiana después de su marido y que había sido con ella misma, que era la primera mujer que la había tocado en una relación lésbica y que habían hecho tantas cosas juntas y que todas eran la primera vez de María como lesbiana. De algún modo le había entregado un cierto nivel de virginidad, pero esa hermosa mujer ya no estaba y le dolía.

¿Porqué María era tan llevada por fantasías? ¿no podía entender que uno sabe lo que quiere y que entiende que cuando se ama a alguien no se engaña sencillamente porque se ha enamorado? ¿qué la había marcado tanto en la vida para creer que todo y todos le hacían daño? ¿por qué no tenia la capacidad de comprender que si se está soltera uno puede salir, besarse con alguien y hasta tocarse si lo desea sin que eso signifique ser promiscua? Venia a su recuerdo la voz de María discutiendo cuando le contaba que la imaginaba que la engañaba y la dejaba solo por sus fallidas premoniciones.

Hay una cuestión de programación que se va creando a medida que uno crece y va siendo marcada por las experiencias que le va tocando vivir, pero ¿porqué ser tan extrema? y no entendía.

Marión aceptaba que tenia que aprender a callarse, que no es bueno contar todo, ni de su familia ni de su vida pasada, pero ya era tarde, y le hubiera gustado entenderlo antes, para aplicarlo con la mujer que ahora extrañaba y más le habría encantado que ésta entendiera que no es calcada a su familia, sino diferente.

Seguía mirando el celular y apretando los aros mientras lloraba.

"UN EXCELENTE BESO"

La imaginaba, la imaginaba y la volvía a imaginar sin cansarme.

Nos veía a las dos en su auto, estacionadas frente al paisaje de la ciudad. Todo de noche, tensamente tranquilo. A veces el silencio nos ganaba, ese motor que echa a andar la imaginación antes de actuar o decir algo, y su voz; ese acento ajeno grabado en mis oídos ahora estaba presente cuando se rompía la mudez. ¿Qué pasará por su cabeza cuando se calla? ¿cómo poder entrar en su mente y saber si le parezco bien o si algo le desagrada de mi?

Atrayente, respetuosa, encantadora y MUJER, es que nada de lo que tiene podría molestarme ahora. Que morbo su voz, su manera de pensar, sus manos, sus pies incluso en el conducir, su torso, ese que tiene lo suyo, a medio tapar, vestido, pero que puedo imaginar perfectamente. Su cuello seguramente tibio y con tímidas líneas de la vida mostrándose al mundo. Que ganas de acercar mi boca a esa parte, humedecer con un beso ligeramente su piel, sentir ese calorcito ajeno en mi boca, dejándose sentir. De ahí pasar a su mejilla, esa tibia y besada por todo el mundo, que sea solo mía en ese momento y demostrándoselo con un beso como se merece una fémina como ella. Pasar a los contornos de su boca, lento, tan lento como un caracol dejando el rastro de su caminar. Eso es exactamente, la imaginación de mi caminar en su piel, en su vida, en su interés amoroso actual lo que me lleva a querer hacer todo mas rápido, pero no, es muy pronto y eso solo la forzaría al espanto, a irnos, a dejarme en una esquina y cada una a su casa, pero no puedo ni quiero evitar cerrar mis ojos, la veo en mi cabeza, mirándonos preliminarmente en un silencio nervioso. Yo le miro la boca sin disimulo, ahí es donde quiero estar. Acercarme lento, muy lento, mirarla hasta cuando tenga que cerrar los ojos para sentir ese roce labio a labio. La siento, sus labios nerviosos se tocan en los míos y se humedecen de manera leve. Besos cortos, muchos, incontables. ¿Qué sentirá esta mujer de tendencia dudosa? ¿cómo saber si le gusta? me habría quitado la boca si no sintiera nada ¿cómo obligarla a que le agrade esto? moriría por transmitir en ese beso la magia que me provoca ella. Ahora siento sus dientes. Empiezo a mover e introducir ligeramente la lengua ¿se estará enojando? ¿será capaz de aguantar tal acto de mi parte? hasta ahora no me esquiva. Rozo su lengua con la mía, es mojada, algo áspera, partida tibia y movediza. Muevo la mía hacia el lado contrario para que la de ella explore lo que quiera en mi boca, sin estorbarle en lo mas mínimo. ¿Se habrá dado cuenta de mi muela torcida? Debí hacer caso a más de alguien cuando me aconsejaron que me la arreglara, seria una pregunta menos ahora. Su humedad, con gusto y olor a café, ese que se tomó antes de encontrarse conmigo ¿lo habrá tomado para estar despierta? ¿tendrá sueño? ¿querrá irse? tanto pensamiento mientras dos bocas se juntan.

Escondo mi lengua, es suficiente, debo dejarla respirar. Ella entiende mi acto mudo y guarda también la suya. Sellamos todo con besos cortos.

Nada, nos sonreímos dudosamente. Ella con la misma duda mía ¿qué sintió la otra? ¿lo hice bien?. Luego el silencio prima otra vez después de un comentario torpe mío, que por cierto dije por nerviosismo y el que volveré a repetir ahora y siempre, porque lo haría mil veces... porque fue... un excelente beso.

DESCONECTADO

Una vez más en lo mismo. Sigo sentada frente al computador.

Mis fantasías despierta con mujeres que se me cruzan en el camino no eran novedad, sin embargo, la que interrumpía ahora mi tranquilidad era una sin rostro; Tínkles, del chat.

Madrugada del domingo, tres a.m. ¿Qué estaría haciendo en estos momentos? No esta conectada. Seguro "lo hace" con su pareja, con la que me siento como Judas cuando le digo "besos pa ti Morti" y lo lamento, mucho, pero no puedo ni quiero evitarlo. Es un pensamiento mágico, no real, aunque esta mujer sea del país de al lado, o quizás fue a alguna celebración con sus amistades.

Cuarenta y tres años, metro sesenta, pelo corto, un par de metales que lleva consigo y dos hijos que salieron por las partes que anoche retumbaban en mi cabeza. Que diferencia, que respeto cuando la imagino besándome a solas y que lentitud mantengo yo al seducirla cuando se hospeda frescamente en mi imaginación. Le diría tantas cosas en ese momento, aunque no esté bien, aunque se acueste con otra persona y aunque no tenga un rostro. Por las noches extraño su presencia en esa pantalla cuando dice "desconectado", como ahora.

¿Sabrá que me hace masoquista al aguantarme sus preguntas fuertes, sus garabatos extranjeros y sus verdades inapropiadas con respecto a mi? Nada que salga de ella me molesta tanto. Se lo he dicho, aunque le haga gracia.

Sigue diciendo "desconectado" y yo aquí sigo imaginándomela, con un vaso de vino tinto mientras chatea y escucha música. ¿Habrá terminado su dibujo? ¿Cómo le habrá quedado su castillo? No necesito verlo para aprobarlo, si lo hizo con sus manos no pudo quedar mal.

Ahí esta de nuevo en mi cabeza, esta vez me palpa la boca con sus manos pequeñas, a oscuras, como me lo dijo ella y luego encendiendo su vela. No solo se me hace inmensamente atrayente sino que encima es romántica. Creo que la mujer que la sedujo en su trabajo fue una idiota, yo no solo leería por detrás suyo lo que ella revisa y no solo apoyaría mis pechos en su espalda, la encerraría con mis brazos apoyados en su escritorio para sentir el olor de su pelo y acercar mi boca a su cuerpo. Con la mirada que tengo la obligaría a quedarse donde esta y le haría sentir cómo su corazón manda avisos de alerta mientras le digo al oído "qué es lo que tienes que me gusta tanto". Quisiera ser su paciente en este preciso momento, estar en su oficina para cerrar la puerta con cerrojo y arrinconarme con ella para que no se vea por las ventanas. Le pediría que junte sus parpados y tomaría sus manos para ponerlas en mi cara, que toque, que palpe para que sienta lo que me hace sentir y quede mi aroma a "feminin" en sus manos. Que se acerque lento para que se detenga frente a mi boca y me llegue el aire que botan sus pulmones, sentir su calor corporal frente al mío y que me bese lento para que me contagie la humedad de su lengua y la deje allí. No quiero tocarla entonces, que vea como cierro los ojos y respiro mientras voy respondiendo a lo que me da. Que se emocione instintivamente y ponga sus pechos en mi cuerpo, que me haga inclinar hacia ella, pues mi estatura estorba y que no la detenga nadie mientras nuestras bocas permanezcan conectadas y nuestras narices se toquen de lado a lado, estorbando, respirando y sintiendo.

¿Qué es el pecado? que lo transforme en regla, en una obligatoria y que no piense en nada ni nadie, que trabaje mi cara y mi boca mientras nuestras emociones suben y ascienden a mas no poder. Quiero abrir mis ojos y mirarla, enmudecida y entregada a las facciones de su cara cerca.

Se me viene a la cabeza la imagen de su sexo. Mi imaginación no tiene un orden lógico y las escenas se alternan cambiando de tiempo y lugar como película para dos. Su sexo es pequeño, de vellos oscuros y escasos. Se depila y se lo deja hermoso, mas de lo que lo tiene, mas de lo que se lo dio la naturaleza. Es perfecta, no sabe que lo que quiero es estar con una mujer mayor que yo para que me proteja y me haga frenar durante mis apuros mientras dura tal acto.

Ahí estamos de nuevo, ella desnuda, sin importar si en una cama o en un sillón marrón. No se cohíbe ni habla, solo quiere y tiene que tocarme y por favor que no la desconcentre nadie. Tampoco hablo y me dejo a sus besos, ocasiones y movimientos. Sus besos se oyen y mis respuestas gritan pidiendo que no se detenga ni que nadie perturbe sus intenciones. No te demores o de lo contrario tomo tus manos y las pongo en mis pechos mientras su boca anda entre mi cuello y mi oído, me encadena a ella haciéndome sentir esas ganas de tenerla dentro de mi con un frío ardiente. Por un momento veo una mancha de algo en el techo, una figura loca que es testigo de mi nerviosismo exquisito. Respiro profundo, se lo que viene a continuación, me lo grita sin decirlo al acomodarse mejor sobre mi, mientras su mano baja hasta mi vientre y me separa mas las piernas con las suyas.

- Despacito - le pido

- Si - me dice sin importarle demasiado que sea miedosa.

Dios mío, su mano me esta rozando las cercanías del sexo expuesto. Me preparo para lo que viene, nerviosa. Me besa la boca para que no sienta tan bruscamente que entrara en mi alma sexual ahora... Dios, que "molestia" más excitante, me toca todo mientras me hace tomar y botar el aire como si el mundo se fuera a acabar mañana. Entra y sale de mi a su antojo, y se mueve en pequeños círculos obligándome a moverme con ella para sentirla mejor. De vez en cuando tomo sus pechos entre mis manos, porciones de carne femenina y descoloridas por el sostén que hace lo suyo con la fuerza de gravedad.

Ah bajado mas abajo, pude sentir como me dilataba para invitarla a entrar, todo es suyo, yo soy ella y ella es yo... Me hace quejar, puedo sentir las paredes de mi interior abrirse cuando ella entra y me encanta. Mete y saca los dedos de mi sexo, ahí viene otra vez, prepárate Capuccine; gime, abre mas y aguanta. La abrazo, la siento en el alma y su va y ven me mantiene hechizada y moribunda mientras la suelto para apretar lo que mas a mano tenga con mis puños. No existe nada, solo una Tinkles y una Capuccine, dos mujeres entregadas a lo básico de lo humano; el instinto.

Mis respiraciones y gemidos que ahora se han agitado a tope le indican que falta poco, casi nada para el fin y se concentra en que va bien, ni duele ni molesta, solo gusta y es necesario mas. Contengo el aire un momento para que no estorbe en mi concentración. Su cuerpo esta pegado al mío, es caliente y húmedo y su peso no pesa, sino que sirve para hacerme sentir el estallido que me hace tiritar por segundos y hacérselo notar esquivándola furtivamente.

Se recuesta a mi lado con el brazo tembloroso y todo me palpita.

Una vez mas lo mismo. Sigo sentada frente al computador. La música se detuvo y la pantalla sigue diciendo "desconectado".

Débora Hoffa