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MAMA DANIELA... y su niño - Analbo |
| Es muy atractiva. Describirla sería una repetición que los hechos demostraran sin necesidad de alagar su calidad de mujer ardiente. Quiso ser madre, y a los 28 años, soltera, se embarazó de un holgazán con quien convivió un par de años, hasta que se decidió, buscó ella trabajo y .lo echó de su casa. Como todas las madres, crió a ese varoncito como pudo. La Abuela se hizo cargo de atender al niño que fue cumpliendo ciclos sin darse cuenta. Danny, lo amamantó hasta los 4 o 5 años. Lo gozaba a su pequeño solamente esos momentos en que se prendía de sus turgentes senos hasta que vuelta a vuelta los sangraba. Como todo niño se había convertido en un adicto chupador de tetas, con la aprobación de mamá. Aurelio, el compañero de su madre, el abuelo postizo del niño, reaccionaba cuando Danny le decía al niño, “mirá que si no tomas más se la voy a dar al abuelo”, “no tomes mas Julito... déjale un poquito para el abuelo que tiene hambre” y acercaba el hombre su boca a esos pezones que chorreaban leche, ante la risotada de todos, la madre, la abuela y el niño. Pero en los ojos de su padrastro, se notaba la lujuria de un hombre mayor que realmente estaría dispuesto a hacer muchas cosas con semejantes pechos. El resto del día, Daniela trabajaba, era mucho el sacrificio que hacía para mantener al hijo. Pero ella gozaba a su niño. Estaban juntos por la noche. Lo veía criarse y se sentía orgullosa de tenerlo solamente para ella. Como toda madre desde bebé, al bañarlo se lo comía a besos y terminaba poniéndose en la boca todo el sexo del niño. Después comenzaron a bañarse juntos, primero en un piletón de plástico, luego bajo la ducha, dónde jugaban. Los dos se divertían. Ella lo enjabonaba y masajeaba todo su cuerpecito. Luego lo hacía sobre su propia joven y ardiente piel. Frotaba su vulva hasta que se excitaba de tal forma que aferraba la manito del pequeño inocente y se la introducía en el interior de la vagina, restregando su clítoris con esos deditos, que rasguñaban adentro, jugando con algo que tocaban y no veía. Luego la maravillosa sensación que le proporcionaba el orgasmo. Totalmente convulsionada y contorsionándose de placer, apretaba la cabecita del mocosito contra la espesura de su monte de Venus ante las risitas del casto que cada día volvía a jugar con mamá que golpeaba a veces con fuerza su pelvis contra esa carita de ángel. Luego, la calma. Esa bella hembra, alta, elegante, para no darle un extraño a su hijo, tenía su forma para satisfacer sus necesidades y gozar de enormes placeres. Danny, lo crió entre juegos eróticos y masajes sensuales, formando lentamente su conciencia que esa era la forma de jugar con mamá. Luego del baño, venía la sesión del secado. Otra vez, mamá no dejaba un milímetro de esa frágil y tersa piel sin pasar su lengua, hasta llegar al pene que lo introducía totalmente en su cavidad bucal saboreándolo, succionando delicadamente. Hasta que un día, notó cómo se levantó, se irguió y endureció. Con sorpresa comprobó que era del tamaño de su dedo índice. La cabecita casi cubierta por el prepucio, que la mami amorosamente se lo bajaba y subía hasta lograr que asomara su pequeño glande. Desde ese día comenzó a sentir nuevas sensaciones. Cuando el niño tenía siete añitos y le pedía a mami jugar y tomar la leche de los senos maternos. Ello lo mimaba tanto, lo consentía y se dejaba hacer. Ahora el hijo era el amo y ella la esclava. Sus duchas eran distintas. El secado del cuerpo era más placentero. Mamar era colosal. Con los deditos de sus pies, aprendió a meterlo en esa grieta caliente que encontró mientras tomaba su acostumbrada poción de leche materna. Ella vivía desnuda en casa, y se ponía fula cerrando sus piernas cuando ese monstruito, como si lo presintiera metía más y más su piecito en su vagina. Al final ella aflojaba y abría bien sus piernas y tomaba ese pececito por el talón y lo empujaba y lo empujaba, hasta tenerlo prácticamente todo en su interior. Él gozaba de ese cosquilleo que le producía mamá mordiéndolo con los labios de su vulva, cosa que le producía también a ella un franco deleite, al mover el niño sus deditos que alcanzaba a friccionar su punto “G”, produciendo fantásticos orgasmos en esa mamá joven que sin hombre al lado, buscaba la mejor forma de seguir viviendo. Ella que lo gozaba totalmente y el muchachito que le agradaba ese juego que le hacía sentir cosas lindas. Comenzó a gustarle mirar el vello ensortijado y oscuro de mami, mientras ella jugaba con su pito. Mamá lo dejó que metiera la mano como si quisiera arrancar esa mata de pelos, pero el aroma que emanaba de esa cosa de mamá, le gustaba, y metía más y más sus naricitas para oler eso rico que le atraía. Una noche la mami le dijo, en su enorme calentura que metiera su lengüita y ya casi a los 8 años, probó el niño los jugos de mamá, al tiempo que ella lanzaba orgasmos tras orgasmo, masturbaba con su boca el miembro del hijo, miembro que notaba, extrañamente, cómo estaba creciendo y de repente, lo escuchó gritar, al tiempo que mordía su clítoris y empujaba su falo muy adentro de la boca de mamá. Gustó por primera vez una precoz eyaculación, un chorrito de agua seminal de su amado niño, cuando apenas tenía casi nueve, cosa que la enloqueció, de tal manera que lo trajo hacia ella y lo besó en la boca chupando la lengua del pequeño, por primera vez, casi con furia. A su manera, mamá Danny, pasaba momentos agradables con su único hijo, a quien enseñó a mantener silencio absoluto. Mamá se mantenía jovial y sugestivamente atractiva. Cuerpo perfectamente delineado. Labios carnosos, dientes blancos. Cabellos castaños claro, que le cubrían media espaldas. Los ojos de esa muchacha grande, de contemplación penetrante, mantenía una jovialidad absorbente que excitaba a los hombres de los que no le importaba aceptar sus invitaciones. El verde mar de su mirada la hacía una mujer de entrañable personalidad, lo que la convertía en una señora imponente, digna de todo respeto. En varias oportunidades escuchó de boca de su madre, la abuela de Julito, quejas por el extraño comportamiento del niño a quien lo veía como ausente de sus tareas escolares, poco comer y delgado. Daniela acordó con su madre en racionarle las golosinas y dulces por la noche y hacerle un llamado de atención. Los siguientes días, el muchachito fue un obediente ejecutor de las órdenes de la abuela. Mejoró notablemente la conducta. Se ocupaba de las tareas escolares, comía bien. Por la noche, al estar solos en casa, le decía a mamá que había hecho todo lo que le indicara la abuela y que esperaba que ella cumpliera con la promesa de dejarlo mamar. Daniela vino hacia él, levantó su cara y le besó los labios. Lo envió a la ducha, no quiso ir solo, tomó de las manos a mami y le indicó que se quitara la ropa y que fuera con él. Daniela, obediente a los requerimientos de ese cruel monstruito sexual fue quitándose prenda por prenda. Julito, absorto miraba a mamá desnudarse. Lo primero que saltó ante sus ojos, fueron sus hermosos pechos tan deseados por el niño, que ya estaba cumpliendo sus once años. Se acercó y recibió en su boca, los duros pezones de mami que se había calentado de sobremanera y comenzó a succionarlos placenteramente, mientras desabrochaba su bragueta y extraía su ahora bello miembro, enorme, duro, con pulsaciones potentes. Mamá flaqueó ante esa linda verga del hijo mal criado y que lo tuvo un par de días castigado, haciéndolo dormir en su cama en la otra habitación. Julito, comenzó a masturbarse delante de mamá, que se quitó casi violentamente la pequeña bombachita roja transparente y mientras se recostaba en su cama, metió sus dedos en busca del enorme clítoris que asomaba a ras de los labios vaginales. Lo frotó con furia mientras gozaba sentirse mamada por el hijo y el verlo masturbarse la enloqueció. Esa verga de 11 años, ya casi midiendo 15 centímetros y enorme espesor, le preocupaba pero era su entretenimiento principal. Sus orgasmos la hicieron arquearse y gritar su maravilloso goce. Presintió que el niño iba a eyacular, se arrodilló sobre él, formando un perfecto 69, tomando semejante pedazo y mientras ponía su peluda vagina en la boca, engulló la verga del hijo que acabó en su boca también gritando su enorme regodeo en una interminable eyaculación, que le hicieron succionar el clítoris de mamá que golpeaba con fuerzas su pelvis contra el rostro de ese mocosito amante de apenas 11 años. Así era la vida de ambos. De día, mamá a su trabajo. Julito al colegio hasta el mediodía. Mamá le hablaba por teléfono a casa de la abuela, tres o cuatro veces en cada jornada. El niño, con el inalámbrico se iba al patio para que no lo escucharan. Él venía del colegio, almorzaba con la abuela y el abuelo, que no era el papá de su madre. Muchas veces el hombre encontró enormes ojeras en el pequeño. Hizo algún comentario, como no recibió respuesta a su temor, calló para siempre. Solamente lo observaba. Siempre cuando iba al baño demoraba. Hombre sabio en cosas del sexo olía el vaho de las feromonas del machito y comenzó unir el extraño tejido entre madre e hijos. Cuando ella llegaba de regreso del trabajo, pasaba a buscarlo para llevarlo a casa y él se tiraba a sus brazos. Vuelta a vuelta, mamá le daba un cariñoso chirlo mientras le decía, “quieto con las manos Julito” y él se enojaba y recostaba su cabeza entre las enormes tetas de mamá. El gran observador, pensaba. Cada vez deseaba más a esa hembra de casi 40 años a la que veía con ojos de macho a pesar de sus sesenta y pico de años. Su mirada no ocultaba las ganas de tener sexo con ella y ésta lo sabía. Persistente el hombre, no abandonó nunca la idea de llevarla a la cama, aunque su fantasía era pedirle que se masturbe frente a él a dos o tres metros de distancia al tiempo que él también lo haría. La vio criarse a la hoy mujer, desde la pubertad. Hoy, todo concordaba. Era una mujer que nunca salía de noche. Solo al trabajo y volver a su casa. A menos que tuviera a alguien en su empleo que la hiciera gozar dentro de la oficina. Nunca lo habló el tema con su mujer, madre de esa hembra que se estaba desperdiciando en vida, aunque en cierta oportunidad le dijo que él, después de ella, se acostaría con su hija. Danny, diminutivo de Daniela, siguió su vida normalmente. Un buen día les presentó un hombre a su madre y al marido de ésta. Era más bajo que ella, pero de rostro atractivo y buen físico. Cuando se quedaba en casa a pasar la noche, Julito sufría mucho, porque ese extraño estaba ocupando su lugar. Cuando hacían el amor, se cuidaban de hacer ruidos, creyendo que el muchachito dormía, pero él, al ritmo frenético de semejantes embates, se masturbaba, tantas veces hasta quedar dormido. No se animaba a quejarse, pero una noche, mamá no cerró la puerta del medio con llave y Julito ante enormes gemidos de mamá y Andrés, abrió despacito. Con la luz prendida tenían tan furiosas relaciones. Espió. Vio la verga de Andrés, no mucho mas grande que la que él tenía, ya, a los 13 años. Hacía lo que él hacía con mamá. Le metía su miembro en la boca que ella saboreaba, no con tanto placer como cuando le ponía su poronga él. Todo era igual. Nada diferente, ¿por qué lo cambió por ese tipo? se preguntaba mientras se pajeaba como un poseso. Mamá lo vio y no dijo nada, siguió con lo suyo. De pronto aquel tipo la dio vuelta y la puso con la cola hacía arriba. ¿Qué le haría? se preguntaba, él eso no lo hizo nunca. Mamá no se lo había enseñado. Vio a Andrés, con sus dos manos, abrir las nalgas de mamá. La acarició con un dedo, luego metió su lengua, la que comenzó a frotar y a removerla en el culito de mamá que estaba feliz sintiendo eso. Se le notaba en el rostro y la sonrisa que le regaló cuando volvió a mirarle. Él de eso no sabía nada, además ¿cómo meter la lengua en ese lugar tan sucio? Luego, Andrés, le metió un dedo y enseguida otro y los giraba, cada vez mas adentro, de pronto le ensartó un tercer dedo y notó que mami, se quejó pero comenzó a convulsionarse. Le gustaba. Andrés le colocó una almohada debajo y ella levantó el culito, mientras él apuntaba su verga bien dura, la que untaba con una crema que había sobre la mesa de luz y la puso en la puerta del culito de mami. Tampoco sabía nada de eso. Vio que mamá cerraba los ojos y mordía sus labios, mientras aquel hombre empujaba, primero lentamente y de pronto de un empellón se perdió su tranca todita en el culo de su madre. El grito de ella lo asustó, pero luego vio su sonrisa que lo miraba y lo incitaba con sus ojos a que siguiera masturbándose. Las cosas parecían empeorar, porque el que gemía hasta casi gritar era Andrés que galopaba sobre el culo de mami enloquecidamente y ella abría grande su boca suplicante y le decía: “¡¡ Más!!... maaaassss... maaasss.... por favor no te detengas... asiiiiiii!!....” Fue cuando Vio el rostro de Andrés rojo como un tomate, que le gritaba: “Todaaaaa para vos, putita.... ¿te gusta?..Ahiiiiiii, te doy todo lo que quieras puta de mierda...” Quedó exhausto sobre mamá que aún viboreaba en la cama por la cantidad de líquidos que descargaba Andrés en su culo. Comprendió muchas cosas esa noche. Lo que no comprendía Julito con sus trece años, cuál era el gusto de mamá con semejante cosa dentro de su culo. Él quería probar, si soportó la verga de Andrés, y le gustó, también le gustaría la suya. Y Así iba aprendiendo las cosas del sexo. Esa misma noche, luego de haberse duchado ambos, volvieron a la lucha. Julito, escuchó a mamá decirle:” Si no tenés persevativo, no, no quiero quedar embarazada”. Volvió a levantarse Julito y se puso a espiar. Andrés andaba con su lengua, bastante más grande que la suya, hurgueteado la vagina de mamá y esta se removía. Quería más. Julito también se calentó y comenzó a pajearse. Por un momento los orgasmos de Danny se multiplicaron, pues Andrés era un hábil lengüetero que la enloquecía. Volvió a escuchar la voz de mamá suplicante: • “Andresito... quiero sentirla toda adentro, reventame la cajeta, ¡¡ por favooooorrr lindo!!... dame ese gusto.... “. Él, se lo negaba porque no tenía forro, pero lo decía con doble intención para calentarla más y más a mamá que continuaba pidiendo por favor:” ¡¡quiero sentir toda tu verga, mi amor!!... dámela toda... sin forro...” Estaba histérica. Julito no sabía qué le pedía. Con él, eso no había ocurrido nunca. Por fin, cuando ella enfurecida lo tomó de los pelos, el hombre se compadeció y ella, le abrió las piernas y la penetró por ahí, por donde él, solamente metía su lengua. Vio el rostro de mamá contraerse de felicidad cuando supuestamente la tenía toda adentro, mientras le gritaba: “Siiiiiii.... muchoooo... mucho más.... Por favor no te salgas.... lléname de leche, reventame.... por Diooooosss, que felicidadddddd... que placer, macho mío....Ahoraaaaaa.... los dos juntoooosss”.... Y así fue, Andrés empujó hasta el fondo y gritó una feroz eyaculación, mientras Danny, lloraba sus orgasmos. Julito no supo esa noche del viernes cuantas pajas se hizo, viendo a mamá cogiendo con un tipo que no era él. Por la mañana del sábado,
como mamá no trabajaba y él no tenía colegio,
ella se levantó cerca del medio día y Julito casi a
las dos de la tarde. Danny, había preparado la comida, Andrés
no estaba, se había ido. Se sintió feliz de estar solo
con su madre. Almorzaron pasadas las dos. No hubo ningún comentario
en la mesa de lo ocurrido en la noche. Julito no quiso salir a ningún
lado, ni a jugar con sus primos. Danny lo llamó y lo mimoseó,
De inmediato su miembro se puso duro y ella le dijo, que no, que se
guardara para la noche. Y él le comentó que le dolía
su pene. Mamá lo reprendió por sus masturbaciones. Pero
ella se lo había pedido y le dijo: Era sábado Se durmieron. No
oyeron pasos. Mamá Daniela con el desarrollado miembro viril
de su niño, aún dentro de su recto, que increíblemente
seguía rígido y cruelmente insertado en ese conducto
perfecto. Un resplandor, una luminosidad. Luego otra y así,
varias. Luego los pasos se alejaron. Nunca lo supo, ni el tiempo que
pasó, ni por qué el despertador sonó a las 16
horas, si ella nunca lo hacía sonar a esa hora. Siempre a las
seis y media de la mañana. Lentamente se fue despegando de
Julito que seguí profundamente dormido con una enorme sonrisa
de satisfacción en su rostro. El apareamiento había
sido perfecto, lo demostraban los ojos de Danny, cargado de un arrollador
deleite que excitaba a quien la viera. Fue al baño. Se aseó,
pero al volver refrescada por el restablecedor golpe de agua caliente
en todo su cuerpo. Vestida y dispuesta a despertar a Julito, encontró
su máquina fotográfica sobre la mesa del comedor, ¡Hacia
tanto tiempo que no la usaba! Raro, ¿no? Además, era
de esas instantáneas. Apretó el obturador y saltó
una sin imagen. La revisó, se le había acabado el rollo.
¿Qué pasó? Se preocupó. Pero luego pensó
que Julito la habría utilizado y la colocó en el lugar
donde siempre estaba. Ya le preguntaría. Y comenzó a
cocinar algo. Fue a despertar al muchacho, le costó hacerlo,
era muy remolón. Luego de un buen baño, ya tenía
la comida lista y se sentaron los dos a merendar y mirar televisión.
Nunca se hablaba de lo que ocurría en la cama. Así se
lo había enseñado mamá. De pronto, la mami preguntó: |