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OJITOS
VERDES... (2da. Parte)
Llegaron a media tarde a la estancia de los Arévalo.
Los Arévalo se dedicaban a la cría de distintas razas
de animales pura sangre y venta de pájaros exóticos.
Karina le había pedido para su cumpleaños un papagayo
de hermosos colores para el enorme comedor de la casa y un Loro hablador.
En la entrada, que era enorme, los invitaban a recorrer los distintos
stands, donde se exhibían todo lo que ellos vendían.
Rodrigo y Alejandro fueron hacía el interior donde había
gente conversando para hacer las averiguaciones del caso...
Ojitos Verdes se quedó en la 4x4. De pronto vio a unos doscientos
metros del lugar, en medio del campo, una pequeña tropilla
de Pony, pequeños caballitos de no más de setenta centímetros
de alzada, fuertes, de crin largo y hermosas colas. Ella sabía
conducir, de chica su papi le había ENSEÑADO, PUSO EN
MARCHA la camioneta y fue a detenerse frente a los caballitos. Los
vio nerviosos, se tiraban coses entre ellos, se mordían y relinchaban
mientras trotaban como jugando a algo desconocido, después
se enteraría que era una ceremonia muy especial, donde el macho
trata de excitar a la hembra. Bajó del vehículo y se
acercó al grupo de caballitos, apoyándose sobre los
alambres que cercaban el campo, justo en el momento en que uno de
los animales intentó subir sobre otro, siendo rechazado, hasta
que el caballito macho, el semental, desenvainó una larga verga
oscura y gruesa, cuya cabezota encajó justamente en la vagina
de la hembra, que dio un relincho, pero no pudo escapar, por más
que lo intentó, pues el potro la tenía agarrada de tal
forma que ya no podía huir. Ojitos Verdes observó todo
muy atentamente, quedando asombrada ante semejante cosa del caballito,
que comenzó a moverse, haciendo entrar y salir de la vaina
jugosa de la hembra que comenzó a acompañarlo con su
cuerpo y relinchos. Karina se sintió convulsionada, volvió
sobre sus pasos y se introdujo en la camioneta y entró a jugar
con sus dedos en su sexo, estaba sin su tanguita, se acordó
que el padrino se la había sacado.
Alejandro y Rodrigo, se acercaron por el lado opuesto a la puerta
de la camioneta, extrañados, no veían a la jovencita.
Desde afuera era imposible, tenían vidrios polarizados. Miraron
hacía el lugar donde se oían los relinchos de los Pony,
se miraron y sonrieron. Se imaginaron qué podría haber
pasado. Fueron hasta el alambrado saltando una zanja, se acercaron
cuanto más pudieron a los caballitos, llevando cada uno una
jaula con los pájaros adquiridos.
Al volver a la 4 x 4 se encontraron con un cuadro que conmovió
a los dos hombres. Ojitos Verdes estaba desvanecida, totalmente desnuda
sobre el asiento trasero, sosteniendo en su mano derecha una enorme
banana, penetrada hasta la mitad en sus genitales. Alejandro y Rodrigo,
dejaron las Jaulas en el suelo y corrieron a sacar a la pequeña
del trance. La cubrieron, con unas mantas que había en el vehículo
y con el toallon mojado la limpiaron, le mojaron el rostro y le hicieron
beber agua. La niña, abrió los ojos dulcemente y con
una sonrisa encantadora dijo con una enorme carga de placidez:
- ¡Papi... tengo sueño... Tenía hambre... tomé
dos bananas... mintió -... pero al ver a esos caballitos
haciendo cosas... no sé qué me pasó... mientras
comía una, se me dio por jugar con mi mano... luego sentí
necesitar de algo mas grande... ¡¡Oh, padrino!!... papito...
no fue mi intención...- y se echó a los brazos de los
dos hombres, llorando zalameramente, mientras, con perversidad sus
dos manitos entraron a recorrer sus piernas hacia las pelvis. Al solo
contacto de esas traviesas manos con sus respectivos sexos, Alejandro
y Rodrigo, reactivaron sus lujurias. Ojitos verdes fue más
rápida que los dos, quienes cuando intentaron reaccionar, la
niña ninfómana tenía en sus manitas, apretando
con fuerzas ambas vergas, que crecieron desvergonzadamente en tamaño
y grosor. La excitación envolvió la mente de los hombres,
que volvieron a olvidarse de quien era la ardiente viciosa y no comprendieron
más allá de sus sicalípticos estado.
Ojitos Verdes, estiró la piel que cubre cada glande, el prepucio
corrió hacia atrás, dejando a su disposición
las dos enormes extremidades de esos penes. Los miró con picardía,
y desoyendo sus quejas, acercó las dos cabezotas a sus labios,
pasándoles su caliente y suave lengüita, logrando convulsiones
con gemidos que provenían de sus inmoderaciones sexuales. Ojitos
Verdes, miró de reojos al padre y con picardía y una
sonrisa siniestra le dijo:
- ¡Papi!...- Rodrigo se estaba retorciendo en el asiento del
vehículo por efectos de las caricias de la pequeña,
ella lo notó y maliciosamente le comentó -... estuve
pensando, ¿sabes?... ¿me escuchás?...
- Si, ¿qué?.... y se mordía los labios de placer
incestuoso que le proporcionaba la hija...
- ¡Que sería mejor que yo le cuente a mami... todo...
todo, todo...
- todo, ¿qué? ... y sintió las manos de Karina
subir y bajar desde la cabeza a su pelvis con rapidez, masturbándolo,
igual que al padrino...- -
- Todo lo que me hicieron vos y el padrino... ah, pero eso sí,
le digo que yo tuve la culpa... que yo comencé todo... Rodrigo
vencido por el enorme goce por el que estaba pasando, le dijo, casi
sin fuerza:
- ¡No, hija!... no podés decirle eso a mamita... ¡
porque nos manda preso a tu padrino y a mí, y a vos te deja
encerrada en el convento para no salir nunca mas.... ella rió
con ganas, mientras fuertes chorros de esperma vomitaban esas oscuras
cabezas, veía a los dos hombres cómo se retorcían
de placer en sus respectivos asientos. Puso una vez cada una, las
enormes vergas en su boca, llenándosela del viscoso líquido,
hasta que quedaron laxas en sus manitos.
La reacción del padrino y el padre, no se hicieron esperar.
Alejandro, trató de convencerla para que no contara lo que
había sucedido, porque les acarrearía muchos problemas
a él y a su padre. Rodrigo, le imploró, pero ella siguió
insistiendo, ante la desesperación de los dos hombres:
- Bueno... está bien... yo no digo... los rostros de ambos
responsables cambiaron radicalmente, pero notaron una intención
en esos ojitos verdes, entre tristes y crueles - ... ¡yo...
no hablo!... los dos sonrieron, aflojando sus tensiones-... Pero
quiero eso... - y señaló con su mano por la ventanilla
del vehículo sin mirar. Alejandro giró su cabeza y no
vio nada. Rodrigo se atrevió a preguntar:
-¿Qué, hija?...
- ¡pide lo que quieras, Ojito Verdes... que si papi no quiere
yo te lo consigo!... ¿qué es lo que querés, muñeca?...
- Eso... cerró los ojos nuevamente con fuerza, y volvió
a señalar sin mirar - ... ¡un pony!...
Montar en la Hacienda?... - comentó el padre e insistió
-... ¿ para qué un petiso? ...
- ¡para montarlo mas tranquila!... para jugar... Hay compañeras
del Convento que lo tienen... El padrino me lo cuida durante la semana,
le hace un establo a su medida... me consiguen las monturas y cuando
yo estoy en casa, paseo en él... ¿Les parece mal?....-
y entró a llorisquear -... ¡¡si, papito.... quiero
un pony.... y quiero ese blanco de crines largas y la cola hasta el
piso... ¡ Andá papito.... compramelo... puso cara de
capricho y volvió a amenazar -...¡ mirá que sino,
hablo... Rodrigo bajó la cabeza, descendió de la pickup
y se alejó lentamente hacia la entrada de los Arévalos.
Su compadre quiso acompañarlo y ella le dijo que no, que se
quedara allí y le gritó al padre -... ¡papi, el
blanco ese que está allí!... ¡¡ese!! Otro
no... cerró la puerta del vehículo y lo tomó
de la mano al padrino, pidiéndole que se sentara junto a ella.
Alejandro estaba aturdido por el proceder de la niña y se dejó
arrastrar, ella le pidió que la ayudara a vestirse y se quitó
la frazada que la cubría, dejándola caer al piso del
vehículo en el asiento trasero, quedando delante del hombre
totalmente desnuda:
- ¿Te gusta padrino?... ¿qué te pasa, padrinito?
¿Por qué esa mirada?... El hombre a pesar de su edad,
no pudo desechar la malsana idea de engullir ese apetitoso plato.
Nunca la había visto a su ahijada así, paradita con
los senos duros, que podían entrar en su boca, sus piernas
de mujercita, bien torneadas, las caderas como para soportar muchas,
pero muchas cosas más, y una incipiente y oscura pelusita sobre
su rajita, la acarició, se obnubiló su mente y por fin
sus ojos se detuvieron en los bellísimos ojitos verdes, ¿de
la ahijada? ¿O los de una hembra? Nunca los había visto
como un hombre. Siempre fue el padrino que veía a la niña
ahijada crecer. Pero en este momento fue distinto. En esos ojos vio
a una mujer, que despertaba al sexo con una carga de erotismo inconmensurable
que pedía a gritos que la satisficiera. Bajó su mirada
a la boca de la pequeña cuyos labios los vio por primera vez
como los de una hembra, mojados por la saliva de ella que lo desafiaba
descaradamente y la atrapó con sus fuertes brazos, la atrajo
hacia su cuerpo apretándola con furia y por primera vez acercó
sus labios a la boca de ojitos verdes y los besó con suavidad,
por miedo a despertar de ese sueño imposible de creer y fue
ella la que lo invitó a pasar, abriendo su boca y sacando su
lengua para penetrarla en la boca del padrino, mientras con sus manos
traviesas, le bajaba los pantalones para tomarle la verga con desesperación.
Alejandro, removió su lengua en la boca de la niña que
siempre creyó virgen, y ésta saboreando los jugos del
padrino le mordía los labios hasta sangrarlos. Luego, él,
royó su cuello, pasando su lengua húmeda por toda su
ardiente piel, al tiempo que la insaciable doncella, lo masturbaba
y con sus pequeños dientes seguía masticando las carnes
del semental que le estaba dando placer. Cuando el hombre mayor, carcomió
los pezones casi morados de Karina, ella se retorció y llevo
su mano izquierda a frotarse su clítoris que pugnaba por salirse
de la vagina. Los pequeños pechos, pero grandes para tan corta
edad, fueron engullidos por la boca de Alejandro, ante los gemidos
de placer de la pequeña y viciosa ahijada.
La recostó toda a lo largo del asiento, el se arrodilló
en el piso de la parte de atrás de la 4 x 4 y metió
su cabeza entre sus piernas que ella abrió más y más.
La lengua gruesa, áspera y larga del padrino recorrió
la hendidura vaginal, mientras Ojitos Verdes se retorcía de
placer y gritaba cada orgasmo. Se encontró con un clítoris
demasiado desarrollado, lo saboreó con sus labios, ante los
gemidos de la púber ninfomana que gritando insastifecha:
- ¡máaass.... másssss, padrino.... oh, mi Dios....
padrinito... mordeme el pijito, como dice el padre Ramón en
el convento ... arrancámelo.... ayyyyyy.... agggggg.....- exacerbado
por la lujuria el hombre mayor se sentó en el asiento, tomó
a la niña como si fuera un objeto y la colocó frente
a su boca, mientras intentaba penetrarla ante los gritos excitados
de la jovencita. Alejandro, la apreto hacía abajo y la verga
penetró hasta sus testículos, cayendo desvanecida Ojitos
verdes, sobre sus hombros sin emitir un grito de dolor. Alejandro
la comió a besos en su rostro, en sus ojos, en su cuello, succionó
sus lengüita dormida y así derrumbada siguió un
movimiento de saca y pone, la ayudaba, alzándola era una
plumita entre sus brazos- y la volvía a bajar hasta chocar
pelvis contra pelvis, hasta que Ojitos verdes, abrió sus ojos
y giró su mirada hacía su padrino, con una sonrisa de
placer que asustaba:
- ¡¡ Ah, padrinito!!.... qué bueno.... ésto
es maravilloso... y se retorcía hasta que tomó ritmo
y entró a cabalgarlo de una forma que Alejandro jamás
había sentido, y le murmuro en los oídos de la pequeña
mientras su lengua los penetraba:
- Chiquita, mía... ¿dónde aprendiste a hacer
esto?... Muñeca malcriada, jamás una mujer me ha hecho
gozar de ésta manera... ¿quién te enseñó
a hacerlo así?... la pequeña viciosa, volvió
a sonreír ya totalmente desquiciada y le respondió al
padrino:
-... ¡ allá, padrinito... y seguía jineteando
sobre la verga de ese hombre cincuentón, al que jamás
nadie le había sacado mas de dos o tres acabada, pero en su
juventud y ésta diablilla sexual le seguía quitando,
absorbiendo su líquidos seminales:
- ¿dónde, allá?... ¿tu papi?...
-... ¡¡Nooo!!... padrinito... máaaassss, por favor...
mássss... por el amor de mi ángel de la guarda... seguí....
seguí.... seguiiiii.... padrino....¡¡siiiii!!...
Ahggggg... y volvió a desplomarse sobre su padrino que seguía
sus movimientos casi desenfrenadamente. Le estaba costando su cuarta
eyaculación en horas:
- ¡Mi muñeca traviesa! ¡ cuánto lo hacés
gozar a tu padrino!... y apuró el sube y baja, se sintió
con algo de fatiga, su corazón estaba demasiado acelerado,
pero estaba a punto de acabar en la oscura cavidad de la mujercita
libidinosa, cuando ella volvió a tener otro orgasmo, desgarrador,
como si le hubieran arrancado el útero y le pidió al
hombre bestia que la seguía poseyendo, ya fuera de sí:
- ¡Alejandro... por favor...
- ¿qué, Ojitos Verdes, qué?...
- ¡¡Penetráme!!... por atrás!... por favor
te lo pido... por atrás... como lo hace el padre Ramón...
de un salto la fierecilla montaraz, con una agilidad casi eléctrica,
sacó la verga del padrino de su vagina y dirigiéndola
con su propia manito, se la insertó solita en el ano, tal como
estaba lubricada, por sus jugos, y la dureza del grueso miembro, le
entró forzándose, pero gustándola como una posesa.
El enorme placer de Alejandro, renovó sus bríos y la
apretó con fuerza, casi con furiosa lujuria, sin compasión,
hasta sentir sus nalgas apretarle los testículos y volvió
a arremeter como si fuera la primera vez, hasta que inundó
las entrañas de la pequeña, que se retorcía del
placer que le daba su padrino, lanzando orgasmos tras orgasmos, terminando
en un llanto incomprensible. Quedaron así los dos. Ella, la
perversa adolescente, sentada sobre el cincuentón padrino que
recibía de la ahijada largos y mojados besos como queriéndole
succionar su lengua, mientras la verga comenzaba a achicarse, entrando
en un estado laxo, imposible de rehabilitarla. Con la toalla, aún
húmeda, limpió a la pequeña, cuyo rostro no podía
disimular ni esconder su cansancio, al igual que él, se sentía
exhausto y fatigado. Arregló lo que más pudo las cosas,
para que Rodrigo no se diera cuenta.
Se calmaron. Bebieron café caliente de un termo. La chiquilina
comió un trozo de torta que le había puesto su mamá
y Alejandro, terminó una longaniza napolitana producto de su
última elaboración a base de carne de cerdo.
Alejandro, miró fijamente a la jovencita y le preguntó:
- ¿Cómo es eso del padre Ramón, princesa?...
la niña, con cara de picardía extrema, repreguntó:
- ¿qué Ramón?...
- No te hagas la tonta con tu padrino... ¿cómo es eso
que todo te lo ha enseñado el padre Ramón?... Ojitos
Verdes lanzó una carcajada.
Se recostó sobre sus piernas, estaban sentados en el asiento
delantero y mientras terminaba de engullir la torta, sacando sus piernas
por la ventanilla derecha, comenzó a relatar una historia.
El padre Ramón, un cura que se hizo viejo diciendo misa para
las alumnas del convento, dentro de la institución, tenía
un estilo muy sabio para ganarse la voluntad de las niñas.
Él sabía, con quienes podía hacerlo, luego de
una serie de charlas en el confesionario, cuando cada mujercita iba
a confesarse los domingos:
- Yo era nueva, mamá me inscribió a los doce años
en el Convento, con residencia, me lleva los lunes y me busca los
viernes por la tarde, para estar aquí sábado y domingo.
Cuando la hermana maestra de alguna de las materias no asiste a dictar
su curso, por estar enferma, o por cualquier otra cosa, nos avisan
que tenemos las próximas dos horas para hacer lo que nosotras
queremos. En una oportunidad, una de mis compañeras me invitó
a ir al confesionario a charlar con el padre Ramón y así
lo conocí. Ella tenía un problema y quería consultarlo.
La acompañé. No quiso hablar a solas con el cura y le
pidió que me quedara con ella. El padre Ramón, con cara
de bueno, gordito, brazos cortos y fuertes... manos con dedos largos
y gruesos, tocaba el órgano en misa. Lo encontramos algo alterado,
¿qué le pasa Padre?... le preguntó Alicia,
mi amiga y él dirigiéndose hacía una alumna que
acaba de salir, dejó entrever su estado de ánimo: ¡ésta,
chica, la Matilde!... se viene a quejar, que siente una comezón,
como cosquillas en su vertical, le doy un remedio y lo rechaza...
¡bueno allá ella, que la cure Sor Natalia!... me miró
y me preguntó con voz gruesa, de mal tono,
y vos, pequeña, ¿qué haces con la vertical cuando
pica?...- lo miré sin saber qué me estaba diciendo,
se rió y dijo: ¡que Alicia te lo explique!- ... no
presté atención a la conversación de Alicia con
el cura, solo recordé las palabras del cura y la sonrisa pícara
de Alicia, cuando él dijo que ella me lo explicara. A partir
de ese día, teniendo doce años comencé a escuchar
muchas historias de las cosas que ocurrían en el convento.
Primero no les di importancia, hasta que después de medio año
de estar yo allí de pupila, una noche me sentí mal y
llame a mi compañera de celda y le dije que me sentía
mal, que me estaba mojando toda. Me había bajado por primera
vez la menstruación. Mi compañera, mayor que yo, de
16 años, me dijo que no era nada y me ayudo a asearme y cambiarme
de ropa, me aclaró que mi organismo estaba transformándose,
que las hormonas y que sé cuantas cosas, pero yo sentía
fuertes dolores le rogué que buscara a una hermana para que
me dé algún calmante. Alicia, llamó a la celadora...
era Sor Natalia, ésta vino urgente, vio el caso, me consoló
con masajes, me dio calmantes y todas las explicaciones del caso,
hasta que me dormí.
- Muchas palabras, que no responden a mi pregunta... inquirió
Alejandro. Ojitos verdes, estiró su cabeza hacia atrás
para mirar con ojos pícaros al padrino que estaba fumando en
pipa, dejando un rico olor a tabaco rubio importado, con cuyo aroma
había logrado eliminar el exacerbante y penetrante olor al
sexo reciente. La pequeña, al mover su cabeza notó que
el miembro del padrino había vuelto a endurecerse, cuyo glande
apuntaba a sus labios desde atrás de la tela de pantalón
y amagó con un mordisco, Alejandro le retuvo la cabeza, pero
ella se forzó y sacó su lengua y se la mostró
lasciva, libidinosa, eternamente lúbrica y la dejo hacer...
Y así, en esa posición le sacó la enorme verga,
desabotonando el pantalón. El miembro de Alejandro, nuevamente
se metió en la boca de la desenfrenada niña, la que
solamente giró su cabeza y tomándola con ambas manos
se la metió hasta la garganta, degustando ese enorme pedazo
como si fuera la primera vez. El padrino se acomodó en el asiento,
mientras Ojitos verdes succionaba cada vez con mayor fuerza, gozando
con los gestos del padrino que se moría de placer.
De pronto, escucharon la voz de Rodrigo que se acercaba, llamando
a Alejandro. La niña soltó el juguete y siguió
devorando el resto de torta, con tranquilidad el padrino guardó
lo que no debía verse y continuó pitando, echando mucho
humo en la cabina.
Rodrigo, abrió la puerta, lo invadió una oleada de humo:
- ¿cómo pueden soportar tanto humo?...
- ¡Estoy comiendo, papi!.... ¿Y?...
- ¡Ya está!... Alejandro, necesito un cheque en dólares,
y como vos tenés cuenta en dólares, después te
los doy para cubrir...
- ¡Si, si... ¿ de cuanto?...
-¡mil quientos!... lo miró sorprendido Alejandro, Ojitos
Verdes sonreía malignamente:
- ¿Tanto cuesta?... dijo el compadre:
- ¡No, más aún! Anticipé, dos mil en pesos...
- ¿Lo Trajiste, papi?... quiero verlo...
- no hijita... pero cuando vuelvas la semana que viene del colegio,
lo tendrás aquí... el que vos pediste... mansito...
listo para montarlo...- Alejandro le dio el cheque y Rodrigo, salió
apresurado hacia la estancia de los Arévalo a terminar la operación.
La insaciable
Karina, apenas se alejó el padre, se apreto contra la pelvis
de Alejandro, desprendiendo nuevamente la botonera y sacando la fláccida
polla del nido, así blandita y con la boca llena de crema de
la torta, comenzó a jugarla en su boca hasta que de pronto
el enorme falo que ahora parecía mas enorme y grueso, se hinchó
de tal manera que la ardiente boca de la chiquita no pudo retenerla,
entonces la tomó con ambas manos y entró a sobarla maravillosamente,
tirando su prepucio hacia atrás y lo volvía hacia adelante
cada vez mas rápido. Alejandro totalmente excitado, le tomo
la cabeza a la pequeña, furioso, y le metió todo su
miembro hasta el fondo, exigiéndole que chupara con fuerzas,
antes que regrese el padre, mientras él la masturbaba con sus
dedos suavemente sobre su clítoris. Alejandro, el cincuentón
padrino de la incontrolable niña de apenas 14 años,
se sintió vencido por la púber y contabilizó
con su mente enardecida, en el mismo momento en que por séptima
vez eyaculaba en menos de seis horas, que tuvo la sensación
de que su secreción, su mucosidad seminal, era extraída,
succionada por la habilidad de la precoz y ardiente muchachita que
absorbía el esperma con maravillosa lujuria...
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