Mi experiencia con una travestie - Juan B.


Ésta es la experiencia más curiosa que he vivido.

Durante una semana, mi auto estuvo descompuesto y para no quedarme parado trabajé para otro taxista, pero en el horario de 18 a 6 de la madrugada. Por supuesto que a cierta hora, dos o dos y treinta, la calle se vaciaba y de a ratos me echaba en algún lugar para dormitar un poco, o iba a algún bar que permanecía abierto toda la noche y allí tomaba un café o miraba televisión.

El caso es que un día, alrededor de las dos de la madrugada, viniendo de un viaje largo, yo regresaba a mi casa y atravesé la zona roja. En una esquina, clavé los frenos del auto ante la visión más erótica que tuve en mi vida. Como había cruzado la bocacalle, fui marcha atrás para estacionarme junto a una impresionante hembra, que además en cuerpo y rostro era una copia de una vedette argentina conocida como Alejandra Pradón.

Los cabellos rubios, tomados en la nuca le caían por la espalda. Llevaba puesto solamente un enterizo negro y transparente desde el cuello a los tobillos, y completamente ceñido, que además le levantaba su enorme culo y sus impresionantes tetas. De la cintura para abajo tenía una minúscula tanga que le tapaba adelante y un fino hilo le surcaba la cola. Subida a unos zapatos de tacones brillantes. Se rió cuando vió que clavaba los frenos.

Me acerqué con el coche a la vereda y ella se vino junto a mi ventanilla para peguntarme si le gustaba, mientras le recorría los pechos, pellizacaba los pezones que atravesaban el encaje de su vestido, mientras ella se metía casi de cabeza y yo acariciaba su culo majestuoso. Hasta allí, ni idea de que se traba de un hombre, o lo que había quedado de un hombre.

Me dijo que por veinte dólares podía hacerle lo que quisiera. Le dije que se subiera al auto al asiento de pasajeros, que no tenía dinero para el hotel, así que íbamos al parque. Al mismo parque de mi experiencia como voyeur de una pareja.

Cuando de repente, apareció el coche de la policía. Pensé que estaba hasta las manos, y que me llevarían por estar junto a una prostituta, y le dije que ella era mi pasajera y que me había pedido llevarla hasta determinado barrio. Ella respondió que no había problema y se bajó del auto, cuando del auto de la policía bajó un oficial. Tuvieron una corta conversación y el policía le preguntó "quién es ese?"

Yo escuché que ella le dijo es un amigo. Se despidieron, la policía se fue y ella subió a a mi auto. Le pregunté si eran amigos suyos y me respondió que ella debía dar datos de una persona a cambio de que la dejaran trabajar. Que una mano lava la otra. Y en ese instante se estiró hacia mí y me acarició entre las piernas. Llegamos al parque en cinco minutos. Estacioné en una zona oscura sobre un costado del camino interno.

En ese momento ella se pasó al asiento de adelante y mientras se pasaba acaricié sus grandes curvas. SE puso de espaldas y me pidió que le bajara el cierre, allí en la penumbra besé su piel y la agarré para acairiciarle unas tetas de gruesísimas puntas. Gemía y ladeaba la cabeza. después abrí mi pantalón y ella comenzó a succionarme lentamente y con suavidad, mientras me decía que le echaba un líquido en la boca.

Luego de un rato volvó a ponerse de espaldas y se bajó el enterizo negro transparente y me abrió sus glúteos ofreciéndomelos. La penetré con mucho placer, su culo era un culo de esos, trabajados a fuerza de gimnasio, duro y redondo. Ahí mismo, en el asiento del acompañante le hice el amor en su húmedo y ardiente agujero.

En el instante en que yo le acababa, note que se estaba masturbando, y no como una mujer, sino como un hombre. Comprendí que era una travestie... pero de las mejores.

Le giré el cuerpo y se tapó con cierta verguenza, la tranquilizé diciéndole que terminara de gozar que yo la ayudaría a acabar, y le besé sus labios gruesos y carnosos. Continuó entonces masturbándose frente a mí, tenía un miembro pequeño muy delgado y elástico. Me recliné sobre ella para acariciar sus pechos y besar y mordisquear sus pezones. Gemía como una hembra, y finalmente su semen salpicó mi cara. sacó una toalla de su cartera y me limpió, luego se limpió ella y le ayudé a subirse el vestido y cerrarlo. Luego ella me guardó el miembro y me abrochó el pantalón.

Nos volvimos, debía dejarla en la misma calle donde la había encontrado. Ella recostó su cabeza sobre mis muslos y yo manejaba acariciando su culo.

La dejé luego de besarnos. Cuando se bajó no pude de dejar de mirar su cuerpo contoneándose excitantemente. Se la veía feliz, y yo más que satisfecho de haberla llevado conmigo.

No volví a verla, porque tiempo después los vecinos de ese barrio organizaron marchas contra los travesties, y éstos debieron dejar la zona por la persecución policial.

Pero casi un año después ví un afiche con su foto, anunciando un show de striptise en un local nocturno.

A ella le dedico este relato por el buen momento que me hizo pasar.

Si les gustó mi aventura y quieren escribirme, mi mail es baby45@ciudad.com.ar