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Me llamo Carlos, tengo 45 años y me divorcié hace nueve. Mi nueva pareja se llama María del Carmen, se separó de su marido que era un idiota descomunal para vivir conmigo, y desde mi separación convivimos juntos tras un apasionado romance donde gocé como un animal con su maravilloso culo.Ella tiene varias virtudes, primero que la chupa como nadie, y segundo que culea tan naturalmente como camina o respira. El problema que atravieso actualmente si puede llamarse problema, es que su hija, Carla, que a la fecha en que nos fuimos a convivir tenía 9 años, ahora tiene 19, y está hecha una toda una potra.

El caso es que esta niña es mi pasión. Ha hechado unas tetas y una cola que es un placer mirarla, y unos muslos brutales como su madre. Pero bueno aquí viene mi historia.

María se iba a trabajar al estudio todas las mañanas, porque es contadora y se pasaba afuera casi todo el día. Yo trabajaba en casa con la computadora y llevaba contabilidades de los clientes de ella para ganar tiempo, ya que en la oficina ella tenía mucho trabajo con su socio, y así nos ganábamos unos pesos extras.

Esa mañana, Carla había ido a bañarse y no pude resistir la tentación de espiarla cuando se sacara la ropa. Así que me dirigí al baño y la espié por la cerradura, me dió la impresión que habría sentido mis pasos porque realizaba un lento striptese frente a la puerta.

Me volvió loco verle su conchita apenas velluda, de rubio, sus tetas herguidas y con buenos pezones, enormes y redondos. Luego mostró su culo, y para mi sorpresa se lo abrió mostrando su virgen agujero.

No me quedaban casi dudas, ella estaba haciendo eso para mí, pensando -como era el caso- que yo la espiaba. Luego se metió en la bañera y no ví más. Me fui para seguir trabajando con la cabeza en ese cuerpito virgen. Al cabo de un rato me llamó pidiendo una toalla, porque se había olvidado de llevar una.

Cuando le llevo la toalla, ella tenía la puerta entreabierta, asomaba un muslo y un brazo extendido. Tomó la toalla que le alcancé y acarició suavemente mi mano al hacerlo, sus ojos brillaban de picardía, porque se daba cuenta que aquello me calentaba.

Volví a la computadora lleno de culpas. Pero al rato volvió a llamarme, estaba sentada en su cama, envuelta con la toalla, con su pelo mojado aún y gotas en los hombros.

Siéntate- dijo.- Anoche sentí los gemidos y grititos de mi madre, como los llevo escuchando desde que viniste a esta casa. Soy virgen y quiero dejar de serlo, y te elegí a vos. Acto seguido dejó caer la toalla y se extendió en la cama boca abajo ofreciéndome su cola y mirando por encima de su hombro con una sonrisa tentadora.

Superando mis prejuicios me eché sobre ella y comencé a acariciar su culo y besarlo y recorrer su espalda hasta que estuve completamente sobre ella haciéndole notar mi bulto entre las nalgas. Me fui desnudando como pude para no perder ni un segundo, ya había decidido cogerme a la inocente criatura.
Pero sos casi como mi hija, bebé, le dije. Y ella se fue volviendo hasta quedar de frente y me respondió:”No soy tu hija, no sos mi padre, sos el macho que se monta a mi madre y la hace gozar como una puta, ahora quiero que hagas lo mismo conmigo. Mientras vivas aquí vas a ser el macho de las dos”.

La besé y chocamos nuestras lenguas mientras le acariciaba los labios de la concha abriéndolos y buscando el clítoris, cuando llegué a él largó un grito y se abrió de piernas. Bajé hasta allí buscándolo con mi lengua y los gemidos se multiplicaban, como los juguitos en su agujero delicioso que ninún hombre había tocado. Estuvimos casi una hora así, yo yendo de su concha al adorable orificio de su culo donde metía la punta de mi lengua, luego abrí su concha todo lo que pude con ese instrumento y se metí, pegó un grito y clavó sus uñas en mi nuca apretándome, como queriendo me metiera de cabeza allí.

Sin hablar subí y amasé sus tetas y besé y chupé sus duros y parados pezones, ella encontró el camino hacia mi pija y la miraba extasiada, yo ya le chupaba los pezones y las tetas completamente. Estábamos borrachos de deseos. Finalmente quedamos los dos de costado y enfrentados a sus respectivos sexos.Le acariciaba los labios de la conchita y le daba lengüetazos mientras le apretaba el culito con las dos manos; le lamía el clítoris y la penetraba con la lengua en forma alternativa.

Me agarró el miembro y se lo llevó a la boca. Que dulzura con sulenguita y su pequeños labios besándolo y chupándolo.Ella era multiorgásmica como su madre, y a esa altura ya había tenido varios por acción de mi boca.

Quiero que hagas lo que le hacés a mi madre, como una perita dijo, y ahí me dí cuenta que ella nos había espiado, quería que la pusiera en cuatro patas, que era la posición preferida de María del Carmen cuando le hacía el culo. Ya no daba más y me pedía por favor que la cogiera de una vez. Se puso en cuatro y comencé a frotar sus labios con mi miembro, ella estaba muy mojada, y poco a poco los labios se fueron abriendo hasta dejar paso mi cabeza, y luego gemidos de por medio, ya había metido parte del tronco.

Comencé a jugar sacándola y entrándola, una y otra vez, y ella dando gemidos más tiernos y sonoros.

-La quiero toda!!!!,gritó. Y empujé, empujé mi pija dentro de su conchita jugosa y ella comenzó a mover sus caderas despacio a la vez que acababa como una potra, yo me movía apenas y no contaba sus orgasmos que se sucedían uno tras otro, minuto a minuto, como la yegua de su madre, sin interrupción. Y con mi dedo pulgar mojado en saliva lubricaba su culo y le frotaba el esfínter, que a su vez era como una boquita dandome besitos en el dedo.

Y sucedió lo inevitable. Una catarata de semen inundó su concha, y nuestros gritos se suderieron y acoplaron mientras le tiraba de su cabellera rubia tratando de meterle más adentro mi miembro.

Cuando terminamos, se volvió para besarme, y me la mamó un largo rato saboreando mi semen. Cómo siguió esta historia? Es lo mejor que me pudo ocurrir. Quedó embarazada, sí. Y una noche estando con mi mujer en la cama, mientras ella me sujetaba agarrada de mi cuello, sentí como otra boca succionaba mi píja, era Carla.

Las dos juntas, la yegua y su potra, desnudas gozando del macho. Mientras Carla se sentaba sobre mi pene para metérselo y cabalgarme. Su madre se sentaba sobre mi boca para que le chupara la concha y el culo. Quedaban enfrentadas una frente a la otra sobre el mismo hombre, y hasta se besaron y acariciaron las tetas.

Mientras esto sucedía, mientras con mi boca recibía los balanceo de caderas de mi pareja, la voz caliente de ella decía:

Seguí chupando hijo de puta, yo te voy a dar para que tengas y no te quede resto para cuando estoy en el trabajo y te culeás a mi nena… Seguí chupando…potro salvaje…

Por la mañana me desperté Mary ya se había ido al trabajo, pero alguien, en la penumbra de la habitación se había apoderado de mi miembro, lo chupaba y me daba los buenos días.

DANDO POR EL CULO A MI HIJASTRA

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26 Mayo, 2016

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