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Hace 20 años que Juan y yo somos amigos. Durante los últimos cinco, él ha atravesado una serie de circunstancias adversas. La separación de su mujer en muy malos términos, un litigio, y su única hija que emigró a vivir al exterior. Nadie puede imaginarse el amor que él sentía por su hija. La amaba más que a su mujer, le concedía todos los gustos y caprichos, y es el día de hoy que la única foto que hay en su cuarto, es la de ella.

Una semana antes de tener que mudarse de su casa a un pequeño departamento, Juan llevó a una amiga suya para alegrar su tarde, como sus gustos son parecidos a los míos, le pidió a la joven que se subiera a la mesa para hacer el amor en cuatro patas. En medio del ajetreo la mesa se desbalanceó y Juan con su amiga fueron a dar duro contra el piso. La joven le cayó encima fracturándole la pierna derecha. Como consecuencia de ello, dos días antes de la mudanza, me llamó para que lo ayudara a preparar sus cosas, porque la rotura y el yeso que la envolvía, limitaban drásticamente sus movimientos.

Lo primero que quiso ordenar fueron las cosas de su hija Paula. En el interior de su armario se apilaban cajas y cajas de papeles, fotos, y más papeles, que habría dejado allí antes de viajar. En el esfuerzo por ordenar y decidir el destino de aquellas cajas, las mismas se cayeron y dejaron a la vista una infinidad de cosas personales. Juan me dijo que no quería ordenarlas porque le provocaban tristeza, dado que le recordaban la lejanía de ella.

Acepté hacerlo yo, y así fue que quedé por un rato a solas con la intimidad de Paula. Entre todas sus cosas, hallé el siguiente manuscrito, una especie de diario de sus últimos meses antes de partir. Dado el contenido del mismo, absolutamente revelador de sus placeres sexuales, lo guardé para ocultarlo definitivamente de su padre. Voy a transcribirlo textualmente:

“Hoy lunes me despierto temprano, cansada de solo pensar en la actividad que me espera en este primer día de la semana pero con nuevas expectativas por lo que pueda venir de nuevo. ¡Mi departamento!… lejos de mi padres… por fin se dieron cuenta de que quiero estar sola.

Me bajo desnuda de la cama, busco la puerta del baño para abrir la canilla del agua y darme una ducha rápida que relaje mi cuerpo. Aún desnuda y mojada me hago el desayuno. Una gota se desliza de mi cabello a la punta de mi pezón y busca rápida la manera de recorrerme, otra ahora llega a mi pubis y penetra mi vagina produciendo el deseo de un orgasmo. Miro mi cama. – ¿Por que no masturbarme? El reloj me indica que no tengo tiempo.

Termino la taza de café mientras me seco. Busco la ropa adecuada para ponerme y ya con los libros y la cartera en las manos, me decido a salir al mundo. Allí me doy cuenta de que no llevo ropa interior. Eso me excita y me humedece. Me mimetizo entre la gente y preparo las monedas antes de la llegada del ómnibus. Mi destino: el Palacio de Justicia. Octavo piso. Donde curso las últimas materias de mi carrera. Me siento buscando una ubicación que me permita apreciar la clase sin exponerme demasiado a las miradas de los otros. Tengo un día caliente, y eso puede ser peligroso.

Espero tranquila, preparando los elementos que voy a necesitar, siento que a ambos lados se van sentando distintas personas que asisten como yo a su primer día de clases. Hombres y mujeres charlan en voz alta, mientras se completan los espacios vacíos en las sillas. La clase se desarrolla animadamente con las explicaciones de quienes tienen a su cargo la tarea de enseñar. Como mujer, observo que el docente tiene buen gusto para seleccionar su traje, su corbata y el color de la camisa.

Comienzo un juego mental. ¿Habrá hecho el amor anoche? ¿Alguna habrá tenido la oportunidad de ser montada por ese atractivo macho? Su boca me excita… me besa, exploro su boca con mi lengua, lo acaricio con mi mirada, desabrocho su camisa, le quito el cinturón con mis dientes, me arrodillo buscando bajar su slip y tocar sus nalgas… La clase sigue y en mitad de ella solicita determinados trabajos para realizar durante el curso. Toma lista y comienza a entregar de acuerdo a ella los textos para las monografías y los trabajos prácticos. Cuando me nombra, dirijo mi mirada hacia él y levanto la mano. A continuación designa a un tal Horacio … como mi compañero de grupo y a otra joven.

Me doy vuelta en mi silla para poder identificar a las personas. Me encuentro con un par de ojos que me devuelven la mirada pero no así con la otra estudiante que, seguramente está ausente. Finaliza la clase y Horacio se acerca. Debe tener diez o quince años más que yo, y eso me gusta. Con una sonrisa me dice: -Hola -Hay una fila de sillas de por medio.

-Vamos a tener que ponernos de acuerdo en algunas cosas para trabajar juntos.

Y así empezamos una conversación ajustando los detalles para los trabajos. El camina adelante, puedo contemplarlo bien. De buena estatura, gran espalda, bien vestido, porta un maletín de cuero negro…Cuando baja las escaleras en caracol, levanta sus rostro hacia mí como si hubiese presentido que lo miraba, pero enseguida sigue bajando los escalones acompañado de toda la gente que va en nuestra misma dirección. Ese día como el siguiente transcurrió normalmente en mi oficina, con mucho trabajo. Nada extraordinario por cierto. Volví a mi departamento, comí algo sencillo, traté de distraerme con una lectura agradable para conciliar el sueño y lo logré.

A medianoche, presa de unos calores, abrí los ojos, me di cuenta que estaba sola y reinaba el silencio, por lo que me masturbé frotándome el clítoris y seguí durmiendo. La alarma del despertador indicó la hora de abandonar mi cama y nuevamente, casi de la misma forma que el día anterior, comencé mi rutina rumbo a ese edificio vetusto pero majestuoso de la calle ….

Cuando ingreso a la sala después de haber combinado el ascensor con las escaleras de caracol llego al octavo, veo que en mi lugar ya estaba Horacio sentado. Me acerco, me saluda y con un gesto me invita a ocupar el asiento contiguo. Nos pasamos los teléfonos y ésta vez bajamos juntos hasta la calle.

¿Por qué cuando se conoce a una persona la imaginación vuela, las sensaciones se despiertan, se busca agradar y se percibe lo mismo del otro? Estos eran mis pensamientos cuando iba hacia mis tareas diarias. El trabajo estaba atrasado, con lo que el día terminó siendo un infierno. Volví a casa extenuada. Tomé de la heladera una ensalada y una gaseosa. En ese instante sonó el teléfono. Levanto el tubo y escucho la agradable y masculina voz de Horacio, que me produce cosquilleos entre las piernas.

Me dice que está estudiando y que si mañana podría almorzar con él. Acepté sin dudarlo pensando que la comida tendría otro sabor. Y así iniciamos una relación que pensé que podría tener algún futuro.

Pero … ¿quién era Horacio? Y… un hijo en su adolescencia. Un matrimonio con tres hijas. Según él estaba pasando por un momento difícil. El cuento que habitualmente hacen los hombres casados a las mujeres más jóvenes. En aquella época yo esto no lo sabía… De lo que no me daba cuenta además, era que, entre cita y cita comenzaba a ser parte de mi vida. Esperaba sus llamadas. Me sumergía en su voz y dejaba que poco a poco se calentaran mis mejillas, ese calor que me invadía toda, hacía que mis fantasías me llevaran a un buen orgasmo todas las noches. Me dejé llevar por mis sensaciones y me dispuse a vivir el presente.

Era Sábado. Primeras horas de la tarde, la temperatura alrededor de 32 grados. Pongo el ventilador y ando bastante ligera de ropas. Vino a mi casa para estudiar. Y sí, comenzamos estudiando…pero ninguno de los dos tenía la cabeza puesta en el contenido de los textos.

Me miró y sus ojos me trasmitieron que deseaba besarme. Le acerqué mi boca y sentí la suya apoderándose de mí. Una mano firme en mi cuello y la otra acariciando mis cabellos y la espalda. Un beso intenso, y me mordió los labios. Aflojamos, llevé la mano a mi boca y nos quedamos en silencio. Me tomé un minuto para sentir, para gozarlo.

Hacía calor, pero más calor había en nuestros cuerpos. Mis pezones se pusieron muy duros debajo de mi remera, y no podía pasar desapercibida la erección que él estaba teniendo. Lo deseé intensamente y llevé mi mano directamente a ese bulto que trataba impetuosamente de salir. Lo masajeé suavemente por encima del pantalón. Esto hizo que se reclinara sobre la silla y me dejara tocarlo por unos minutos. Se levantó y vino por detrás, me sacó la remera y mis tetas quedaron erguidas esperando su toque. Separó mi pelo y comenzó a deslizar su boca por mi cuello pasando sus manos debajo de mis brazos y al fin llegó a mis pechos. Suavemente comenzó a apretarme los globos y los pezones, me bajé el short y me levantó sentándome sobre su miembro caliente. Pienso que podría haberme ensartado aún con los short puestos.

Me dio vuelta casi en el aire. Y me dijo, clavando sus ojos en los míos:
-¿Esperas visitas?
-No.
-¿Quieres que lo hagamos por completo?
-Si. -Apenas murmuré, mientras sentía que entre mis piernas un calor húmedo me obligaba a entregarme a ese casi desconocido.

Recostada y desnuda en mi cama lo vi desvestirse lentamente y mis sensaciones aumentaron. Por poco comprendí que tendría la edad de mi padre, y eso me excitó aún más. Entendí que estaba con un hombre de verdad… Se metió entre mis piernas, las separó con sus manos para introducir su cabeza allí y comenzar delicadamente a pasar su lengua como un gato. Él observaba todo el placer que producía en mi clítoris primero y luego trataba de penetrar entre mis labios vaginales, mi más profundo interior que lo anhelaba. Masajeé mi pecho haciendo el más intenso silencio para no dejar escapar ni una sola de las vibraciones que experimentada mi cuerpo a cada lengüetazo. Hundí mi cabeza entre la almohada, cerré mis ojos, levanté la pelvis, acompañando sus movimientos, una y otra vez. Su saliva llegaba ya a mi culo, mojándolo y dilatándolo para permitir que tímidamente buscara introducir un dedo. Lo hizo y arrancó mi primer gemido.

Tomé su cabeza e introduje mis dedos entre sus ensortijados rulos y lo apreté contra mi agujero. Y gemí, gemí, gemí envuelta en ese remolino que me provocaban sus largas, lentas y apasionadas lamidas. Se irguió tensando sus músculos y buscando mi boca. Me besó y pude besar mi vagina en sus propios labios, olerme, gustar mis líquidos combinados con el gusto salado de su transpiración. Sentí su duro pene contra mí, abrí mis piernas para recibirlo y penetró mi lubricada concha. Comenzó a susurrarme palabras que aumentaron mi excitación. Me apretó contra él, así ensartada como estaba, buscó mis pezones y los chupó, los sorbió para verlos convertirse en dos hermosos conos rosados apretados entre sus blancos dientes. Sus ojos claros se enturbiaron por el goce que sentía, buscaron los míos que le devolvieron el mismo deseo.

-Necesito regarte, quiero echarte toda mi leche. -Me susurró. Muy suave le contesté que aunque quisiera no podía hacerlo, podríamos tener consecuencias no deseadas. Le sugerí que tirara sus líquidos en mi boca o sobre mis pechos. Me miró y dijo:

-Necesito meterme dentro tuyo. Dame tu cola.

Y me besó de tal forma que no pude pensar en lo que hacía, me quitó toda voluntad de negarme.

-Dame tu cola, repitió mientras sus manos me recorrían de arriba hacia abajo. -¿Si?

-Sí. -Me levantó de la cama, me sostuvo por las muñecas con sus manos apretadas y me puso contra la pared. Mojó una y otra vez mi orificio anal y con su dedo me lubricó pacientemente, y yo lo disfrutaba todo. Pude ver de costado su pene y pensé que no iba a poder introducirlo, estaba hinchadísimo. Adivinó mi pensamiento y acercándose suavemente me dijo:

-Vas a gozar como nunca lo hiciste antes. Confía en mi. Relájate mi amor. Relájate. Abrí las piernas y lo pasó entre ellas y la línea divisoria de mis redondos cachetes haciendo nacer en mi el deseo de columpiarme sobre su erguido miembro. Se apretó contra mi cuerpo, nuevamente lubricó su sexo con saliva y buscó una penetración suave, poco a poco. Mis tetas respondieron inmediatamente, se tensó mi cuerpo, pero al entrar mas profundo me pidió que gozara y aflojé… Me sentó en sus muslos y comenzó a moverse. Y yo a sentir una intenso deseo de gemir, gritar …Ah! Ah! Ah! Ah! Sí, gritar y gritar, que todos supieran que era una joven puta en manos de un adulto casado y con tres hijas mujeres, él tal vez realizando su fantasía de penetrarlas. No dejaba de sostenerme en lo alto por las muñecas apretadas.

De repente me liberó y me pidió que me rozara el clítoris con mis dedos. Todo mi cuerpo respondió y comencé a sentir que no podía impedir el brutal orgasmo que iba a aflorar en cualquier momento.

Le grité – ¡Ahí voy! ¡Ahora viene! Mis gemidos acompañaron los suyos, y gritó… en ese instante en que su semen invadía mi interior con intenso calor. Al sacarla brotó de mi culo un manantial blanco.

Día siguiente: voy a la farmacia por los anticonceptivos. No quiero dejar de sentirlo encima mío, inundando por completo mi vagina…

Días siguientes: esto se está convirtiendo en un hábito. No puedo dejar pasar una tarde sin recibirlo con mis piernas abiertas. A él se lo ve más joven, radiante y muy satisfecho… y mi concha late con sólo verlo llegar.”

El diario se interrumpe allí. Es comprensible. Todos sus días deben ser unos iguales a otros, o mejores que el día anterior. Estoy esperando que regrese de Europa. Cuando la tenga a tiro le mostraré que el diario está en mi poder. Dada su aficción al sexo con hombres de más edad, no dudo que para recuperarlo se abra de piernas también conmigo.

FOLLANDO A LA HIJA DE UN AMIGO

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23 Mayo, 2016

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