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Gabriel se había convertido en un masturbador compulsivo.

Aquello comenzó cuando tenía catorce o quince años y escondido en el closet del dormitorio. A través de una leve abertura entre las puertas, espió a su hermana mayor que le llevaba ocho o nueve años, cuando ésta empezaba a sacarse toda la ropa para ducharse.

Gabriel comenzó a excitarse con la visión de esos pezones rosados y circulares, con sus puntas del grosor de su dedo pulgar. Aquella suave abertura entre las piernas, con proporcionados labios también rosados, que había sido depilada recientemente y que le despertaba intensos deseos de besarla.

Luego tuvo la oportunidad de espiarla mientras se bañaba desnuda.

Otra vez, y a instancias de su escondite en el closet tuvo la dicha de verla cuando ella, que se llamaba Gloria y por cierto era una gloria, se tumbó en la cama completamente desnuda para acariciar y apretarse las tetas y los pezones. Él agitaba su pene con entusiasmo ante la visión de su hermana sacudiendo la pelvis con cada caricia de sus dedos, dedos que finalmente la guiaban hasta acabar. En ese instante Gabriel eyaculó cuantiosamente.

Su rutina se repitió durante largos meses, porque Gabriel aguardaba el regreso de Gloria todos los días a la misma hora, y su hermana mantenía la creencia de que él aún estaría en la escuela, jugando con sus compañeros, en la cúspide de la inocencia. Debido a esta circunstancia, tuvo oportunidad de observarla incontables veces jugando con una vela o cualquier otro sustituto de un pene; hasta aquella tarde en que por un descuido de Gabriel, la puerta del closet se abrió completamente dejándolo a la vista con los ojos cerrados y agitando frenéticamente su pene en el preciso instante en que Gloria estaba teniendo un fabuloso orgasmo cósmico.

En medio de esa fragorosa escena hasta el aire se congeló de golpe, Gabriel se puso más rojo que la cabeza de su pene, y Gloria boquiabierta ante la sorpresa de pescar a su hermano desnudo, excitado y masturbándose a merced de ella.

Hasta que las carcajadas de la joven rompieron el hielo y atemperaron la vergüenza.

-Nunca me hubiera imaginado que te masturbabas espiándome.

En el rostro de Gabriel se disiparon los rojos, pero su vista quedó capturada por esos pechos, por esos labios vaginales mojados, y que seguían allí, abiertos y expectantes, más que deseables y a su entera disposición. Porque ella no hizo nada para que Gabriel dejara de mirarla.

-Ven aquí, no tengas miedo ni vergüenza. -Y su hermano no vaciló en echarse en la cama junto a ella, que llevó sus labios hacia los de él, y su mano derecha al pene aún erecto. Luego dio rienda suelta a sus tendencias orales, mordiendo y succionando la cabeza húmeda del miembro, mientras él tanteaba con sus manos la mágica abertura que ostentaba el pubis de su hermana, como un rico tesoro recién descuibierto.

-Te prometo que a partir de hoy dejarás de masturbarte.

Gloria gozaba completamente del pene que retenía en su boca golosa y con los gemidos que crecían paulatinamente en la garganta de Gabriel, hasta que sintió toda su excitación creciendo hasta desbordarla, fue entonces que decidió su salto sobre aquel cuerpo virgen que en ese instante dejaba de serlo. Gabriel gritó de placer. El goce de ambos fue colosal. Gloria cabalgando ese pene que le frotaba placenteramente las paredes internas y golpeaba en el fondo de su concha con una dureza de acero.

Hasta que sintió el miembro crecer aún más, moverse dentro suyo, pegó un salto y se lo introdujo en la boca, para sentir el líquido caliente y dulce que le salía por entre los labios, goteando hasta sus senos enrojecidos.

Luego Gabriel siguió la acción metiendo su boca entre las piernas de ella, que sentó su sexo sobre los golosos labios de su hermano y comenzó a frotarse los pezones con virulencia.

Todo culminaría con un orgasmo producido por la inquieta lengua que hacía estragos en ese rosado clítoris.

Desde aquella vez, durante todas las tardes Gabriel acuna su miembro en esa joven y fresca vagina, besa y succiona esos voluptuosos pechos, y Gloria se deleita eternamente con él, al punto de no tener planeado ni remotamente buscar otro hombre para satisfacer sus deseos sexuales, porque ambos han logrado un vínculo más que perfecto.

FOLLANDO CON SU HERMANA

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23 Mayo, 2016

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