| ¡¡Sí, padrino... por favor, ahora... hazlo ya!!... – y se abrazó a él buscando su boca, la que encontró de inmediato dispuesta a satisfacerla. Comenzó a morder y a succionar su lengua. Alejandro se abandonó en los brazos de la pequeña y traviesa jovencita, | Analbo Filial |
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| la desvergonzada muchachita prendió la luz y les cerró la puerta con llave. Las dos muchachas se encontraron con dos enormes vergas, rígidas al máximo. Y se llevaron las manos hacia su rostro, asombradas. | ||
| observó a la niña, totalmente desnuda bañándose, apoyada contra unos de los laterales de la gran tina. Cerró los ojos. No quería ver. La había visto nacer, ¡¡cómo iba a profanar con su mirada ese cuerpo virgen que se mostraba en plenitud tan inocentemente!! De pronto se hizo el silencio y escuchó la cálida vocecita de Ojitos Verde que gimiendo, entrecortadamente gritaba | ||
| ¡Abu, estoy cerca de casa!... guárdate mi bombachita, te va a agradar su olor y úsala cuando quieras masturbarte pensando en mí. Quiero que siempre acabes sobre ella y cuando nos veamos la próxima vez, quiero tenerla en mis manos y meterla en mi boca, escurriendo leche. ¿Me lo prometés? | ||
| La luz iluminaba bien las blancas carnes de la niña que él había desflorado a los 9 años, de maravilló al mirar los belfos vaginales, se habían convertidos en enormes labios de esa vulva cuyas feromonas lo excitaron de tal manera que se abalanzó sobre ellos y comenzó a succionarlos casi con desesperación. | ||
| Le pidió que se pusiera de pie y ella obedeció, mientras sus ojos la devoraban cargados de lujuria... Corrió los cortinados del confesionario. Le bajó la bombachita. Se la quitó. La llevó a su nariz. Luego la metió en la boca. La alzó y la sentó sobre su mesita. Levantó su pollera hasta su ombligo, se arrodilló, le abrió las piernas y comenzó a pasar su lengua | ||
Las
blancas carnes de la mujer, destacaron la prolija y rasurada vulva,
ya que es costumbre de las religiosas de no usar ningún tipo
de calzón por razones obvias. El aroma que emanaba de esa abertura,
cuyos labios enrojecidos, palpitaban frenéticamente, dejando
al descubierto un hermoso pedazo rojo como un dedo meñique, que
pugnaba por ser saboreado, mordido, succionado hasta enloquecerla.
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MI
EXPERIENCIA ORAL NUEVO |
Comenzó a acariciarme con sus manos, por la piel de la entrepierna, y poco a poco llego a mi ano, empezó a usar su lengua, y lo cierto es que me empezé a excitar como nunca. Con una mano me acariciaba el clítoris, y con la otra inició la operación de abrirme mi agujerito trasero, lubricándolo con vaselina. Me metió un dedo y dejó que mi ano se acostumbrara a él. ¡¡¡Empezó a mover su dedo mientras me acariciaba el clítoris!! ¡¡ |
Paola |
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